Opinión

Mendoza no está tan bien como dicen: más changas, más deudas y una economía que aprieta a las familias

Un informe privado ubica a Mendoza entre las provincias con mayor búsqueda de pluriempleo y preocupación por las deudas familiares.

Mientras Alfredo Cornejo y su Gobierno sostienen un discurso asociado al orden y la estabilidad, un informe privado muestra otra cara de Mendoza: trabajadores que buscan un segundo empleo, familias que recurren al crédito para llegar a fin de mes y una creciente preocupación por quedar atrapados en el Veraz.

Hay una Mendoza que aparece en los discursos oficiales y otra que se puede observar cuando se mira qué están buscando los mendocinos en internet.

Y la segunda merece, por lo menos, una explicación.

Un informe elaborado por la consultora Opinión Mendoza, denominado Índice de Estrés Financiero, ubicó a la provincia en el podio nacional de distintos indicadores vinculados con la necesidad de generar ingresos adicionales y con el endeudamiento familiar. El estudio utiliza herramientas de minería de datos y seguimiento de conversaciones y búsquedas digitales, por lo que no reemplaza a las estadísticas oficiales, pero sí ofrece una señal sobre las preocupaciones que están atravesando los hogares.

Según el relevamiento, Mendoza aparece primera a nivel nacional en búsquedas relacionadas con “Cabify conductor” y “trabajar en Rappi”, mientras que ocupa el segundo lugar en consultas vinculadas con productos para revender.

Además, el informe ubica a la provincia tercera en búsquedas agregadas relacionadas con el pluriempleo, detrás de Buenos Aires y CABA.

¿Y qué significa esto?

Que para una parte de los trabajadores mendocinos un sueldo ya no parece alcanzar. El empleo formal de ocho horas, que durante décadas fue presentado como la base para sostener una familia, necesita ser complementado con horas de reparto, transporte mediante aplicaciones, ventas informales o cualquier otra alternativa que permita generar algunos pesos más.

La otra cara del “orden”

El Gobierno de Alfredo Cornejo suele reivindicar el orden de las cuentas públicas y una administración basada en el equilibrio fiscal. Pero el equilibrio de las cuentas del Estado no necesariamente significa que las cuentas de las familias estén equilibradas.

Ese es precisamente el punto que debería discutirse.

Porque una provincia puede exhibir determinada disciplina fiscal y, al mismo tiempo, tener trabajadores que necesitan manejar un vehículo durante la noche para completar sus ingresos, vender productos durante los fines de semana o recurrir cada vez más a la tarjeta de crédito para comprar alimentos.

El propio Cornejo ha planteado públicamente que uno de los objetivos económicos debe ser mejorar el salario real, aumentar el empleo registrado y elevar el consumo.

Por eso, estos datos abren una pregunta incómoda: ¿qué está pasando con el poder adquisitivo de los mendocinos si cada vez más personas necesitan buscar una segunda fuente de ingresos?

No alcanza con decir que la macroeconomía está ordenada. La economía también se mide en la mesa familiar, en el resumen de la tarjeta y en la cantidad de horas que una persona debe trabajar para llegar a fin de mes.

El dato que más preocupa: la deuda

El informe de Opinión Mendoza también coloca a Mendoza entre las jurisdicciones con mayor nivel de preocupación por la situación crediticia.

De acuerdo con ese relevamiento, la provincia aparece tercera a nivel nacional en las búsquedas relacionadas con el Veraz y la Central de Deudores, con un índice de 429 puntos.

La Central de Deudores del Banco Central reúne información sobre financiaciones, situación de los créditos, atrasos y antecedentes de los últimos 24 meses.

Y hay otro dato que resulta especialmente preocupante: el estudio detectó un fuerte crecimiento de las búsquedas relacionadas con el uso de tarjetas de crédito para comprar alimentos, el pago mínimo, embargos de sueldo y alternativas para salir de registros de morosos.

Es decir, la tarjeta deja de ser una herramienta para comprar un electrodoméstico o financiar un consumo extraordinario y empieza a convertirse en una herramienta para sobrevivir hasta fin de mes.

El BCRA, por su parte, informó que en junio de 2026 la morosidad de los créditos otorgados a las familias llegó al 12,8% a nivel nacional.

No es un dato exclusivamente mendocino, pero sirve para poner en contexto la fotografía que describe el informe privado.

¿Y qué tiene que ver Cornejo?

Tiene que ver porque gobernar no consiste solamente en mostrar números fiscales positivos o anunciar inversiones.

También implica mirar qué sucede con los trabajadores, los comerciantes, los jubilados y las familias que viven de un ingreso mensual.

El propio Gobierno de Mendoza ha señalado como objetivos económicos la generación de empleo, la mejora del salario real y el crecimiento del consumo.

Si al mismo tiempo crecen las búsquedas de un segundo empleo, de trabajos en aplicaciones, de productos para revender y de mecanismos para evitar caer en la morosidad, existe una contradicción que merece ser discutida públicamente.

Porque una cosa es la Mendoza de las grandes inversiones, los anuncios y los indicadores macroeconómicos; otra muy distinta es la Mendoza del trabajador que termina su jornada y se sube al auto para manejar unas horas más porque el sueldo no alcanza.

Y esa Mendoza también existe.

El discurso oficial no puede tapar lo que pasa en las casas

El problema no es solamente cuánto recauda el Estado o cuánto gasta.

El verdadero interrogante es qué capacidad tiene una familia mendocina para pagar el alquiler, los servicios, los alimentos, el transporte, la educación, la salud y, además, afrontar una deuda sin quedar atrapada en un círculo financiero cada vez más difícil de romper.

El informe de Opinión Mendoza describe justamente ese fenómeno: más empleo alternativo, más preocupación por la morosidad y mayor dependencia del crédito para sostener el consumo cotidiano.

Y hay una señal que debería encender todas las alarmas: cuando un trabajador necesita sumar una segunda actividad para comprar comida, el problema ya no puede reducirse a una discusión de estadísticas.

La discusión pasa por otro lado.

¿De qué sirve una provincia ordenada en los papeles si cada vez más familias tienen que hacer malabares para llegar al día 30?

Mendoza no puede conformarse con que los números fiscales cierren. También debería importar que las cuentas de los mendocinos cierren.

Porque detrás de cada búsqueda de “trabajar en Rappi”, de cada consulta sobre el Veraz y de cada persona que intenta conseguir un ingreso extra, hay una familia que está diciendo algo que ningún discurso oficial debería ignorar:

el sueldo no alcanza.

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