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Una prueba de que “lo que no te mata, te fortalece”

Aldo Javier Ferreyra tiene 30 años. Por cuestiones de la vida, quedó literalmente en la calle con 17 años durante algunos días. Si bien traía ciertas convicciones filantrópicas, pasar por esa adversidad le hizo tomar la determinación, al salir de ella, de hacer algo para los demás. Hoy lidera “Refugio para los sin-techo”, una agrupación que trabaja para ayudar a quienes pasan por la dura situación que él pasó.



Aldo Ferreyra es actualmente asesor de Acción Social en el Concejo Deliberante y asegura que suele discutir con quienes ocupan cargos públicos que no piensan en la situación por la que pasa mucha gente. La agrupación “Refugio para los sin-techo” no está ligada a ninguna agrupación política.

¿Cómo arranca tu vida desde el punto de vista “filantrópico”?
Yo nací en La Pampa. Mi mamá tuvo la grandísima idea de venir a San Rafael, hoy estoy muy agradecido por eso. Tuve una vida muy buena, estoy agradecido. Fui un hijo criado solamente por mi mamá y por mi abuela. Eso me llevó a tener algunas limitaciones (tal vez), por la falta de la figura masculina, se puede tergiversar algunos factores como la falta de límites, o como la rebeldía excesiva y esas cuestiones, que gracias a Dios no pasó. Tuve muy buenos valores, sobre todo en el tema de la solidaridad: mi abuela era una persona que le abría la puerta a cualquier persona que caminara por la calle y se la veía en situación de necesidad. Le ofrecía desde albergue, comida… mi abuela, con sus ideales y su forma de vivir me abrió un camino.

Después tuve una situación de tener que vivir netamente en la calle, en la incertidumbre total. Tuve que dormir en la calle, sin tener donde comer, donde bañarte… lo común que tenemos todo el tiempo y que muchas veces no valoramos.

Yo ya tenía una vocación de servicio bastante marcada, siempre había querido ser parte de equipos de trabajo de grupos como Boy Scouts, o en la secundaria estábamos en grupos para ir a hogares de chicos… tenía la vocación y la convicción del trabajo social y junto me pasó eso de quedarme en la calle, la adversidad de estar del otro lado del mostrador, no de ayudar sino de ser ayudado. Tuve una incertidumbre de diez días que fueron donde más aprendí en mi vida.

Pasa que no sabés hasta cuándo es, porque pueden ser cinco, seis, diez días, o un mes o diez años, dependiendo del tiempo que te propongas en asimilar y en recuperarte. Automáticamente, estando en la calle me dije “cuando yo salga de esta situación, voy a hacer algo. Se me mezcló la adversidad con la convicción”.

¿Cómo llegaste a San Rafael?

Mi mamá vivía acá, mi familia vivía acá, se fueron a La Pampa donde nací yo. Tenía 3 o 4 años cuando vinimos para acá. Yo agradezco que hayan pasado las cosas que hicieron que me quedara acá. Lo que he podido hacer acá, estoy seguro de que en La Pampa no hubiera podido.

Se me ocurrió formar una agrupación para ayudar que estaba en situación de calle, o que tenía alguna necesidad extrema. Nunca pensé que iba a llegar a donde hoy estamos. Siempre tuve la convicción de marcar un sello en el trabajo social, pero lo que hoy estamos viviendo va en contra de todos los pronósticos. Yo arranqué con esto hace 4 años y el momento que hoy se vive dirigencialmente, es muy bueno.

Hoy estamos detrás de la personería jurídica de Refugio para los sin-techo y estamos detrás de presentar un proyecto para hacer un albergue.

¿Qué es Refugio para los sin-techo?

Es una agrupación sin fines de lucro que se encargaba principalmente de entregar alimentos, muebles reciclados y vestimenta a gente que la estaba pasando mal. Con el tiempo, Refugio se convirtió en “una plataforma de hacer cultura”. Eso es lo que trato de mostrar, porque los integrantes no solamente hacen trabajo social sino que también damos conferencias de Inteligencia emocional, cómo salir delante de las adversidades, trabajamos coaching ontológico, formación en centros de estudiantes para hacer política social netamente en la calle. Entonces va más allá de entregar algo material, sino que brinda herramientas de superación constantemente.

Yo obtuve la matrícula en Inteligencia emocional y estoy trabajando Coaching ontológico, que es el entrenamiento ontológico del dominio del ser, “¿cómo uno puede sacar lo mejor de uno mismo y lograr absolutamente cualquier cosa que se proponga?” lo cual es muy interesante y complejo también.

Además soy técnico en Administración de empresas y he mezclado todas las herramientas y se ha vuelto un producto bastante interesante a la hora de hacer cultura. Estoy entrenando grupos en universidades.

¿Cómo saliste delante de esa situación a los 17 años?

Yo tuve la fortaleza que llega de la creencia en algo superior. El primer día eran las 6 de la tarde y todavía tenía la esperanza de que esa noche no iba a dormir en la calle y cuando se hizo de noche dije “ya está, ahora es el momento de ver cómo se transita esta nueva etapa”. Ese primer día, lejos del resentimiento, la bronca o la angustia, supe que Dios me estaba poniendo a prueba para lograr algo grande después. Creo que la gente tiene que agradecer la adversidad, parece ilógico, pero todo lo malo que te pasa es para hacerte grande. Vos elegís después si querés ser grande o no.

¿Qué persona fue la que te ayudó o qué situación te hizo el “clic” que te hizo crecer?
En ese momento me levanté emocionalmente por un extraño que me encontré a las 3 de la mañana en un baño. Fue una persona que conocí en ese momento y nunca más en mi vida lo volví a ver. Transité esos días con esa persona que estaba en mi misma condición y me dijo “con la edad que tenés, no podés darte el lujo de quedarte acá, tenés toda una vida por delante y esto es un comienzo, no es el final de nada. Es tocar fondo para subir. No tenés que hacerte cargo de los errores de la gente que te llevó a que vos estés acá”. Esa persona fue Mauricio, una persona que me enseñó todo en diez días, una persona común y corriente que me mostró el camino. Fue alguien que no había visto nunca antes y que nunca más volví a ver.

Si lo tuvieras enfrente un minuto, ¿qué le dirías o qué harías si sigue en esa situación?

Si lo viera hoy le daría las gracias. Creo que le ofrecería ser parte de mi equipo en cualquier cosa. Creo que su rol es existir, esa persona a la persona que le hable le cambia la vida.

Cuando ves a personas que están en la situación en la que estuviste, ¿qué se te pasa por la cabeza y qué método usas para hacerle el “clic” a esa persona?

Cuando tengo un mal día (como lo puede tener cualquiera), siempre vuelvo al lugar donde dormí. Yo estuve en la plaza del hospital Schestakow transitando esos días. Siempre que tengo un mal día voy y me siento ahí a escribir o a estar un rato. Es como que vuelvo a la fuente. A veces voy y paso un rato con gente que está en esa situación y le hablo, le cuento lo que estamos haciendo y trato de escuchar. Hay gente que se ha acostumbrado a vivir en esa situación y no los vas a sacar de ahí porque sienten que su vida es esa.

Yo les digo en todo caso, que no se avergüencen de estar donde están y que si logran salir, que vuelvan a hacer lo mismo por alguien que está en esa situación.

¿Qué tan difícil es ayudar a una persona que no quiere salir?

Es muy complicado. No podés ayudar a alguien que no se quiere ayudar, ya de entrada la cosa se complica, hasta que entendés que esa persona tiene plenitud estando así. (…) Hay gente que está plena, que no sufre la situación, que eligió estar así. En mi caso era distinto, porque yo no quería estar ahí, a mí me tocó. Tenés que ayudar al que está a punto de dar el salto para no quedarse o al que está a punto de caer para quedarse.

¿Qué te llevó a terminar en la calle tan chico?

Fue un caso “accidental”, fue un caso en que no pegamos una. (…) Lo único que lamento es que mi abuela haya tenido que transitar por una situación de ser testigo de que nos pasó eso.

¿Te encontraste con la “abuela de algún Aldo Ferreyra” que te abriera la puerta?

Muchísimas. Cuando voy a los distritos y hacemos algún evento, en cada abuela que se me acerca, siento una conexión, siento que cada abuela es mi abuela. He visto a muchas abuelas haciendo cosas muy lindas. Mi mayor satisfacción como profesional hoy, es que a mis conferencias va una abuela que gracias a las herramientas ha podido terminar primer grado. Para mí es uno de los logros más grandes.

Hasta el día de hoy me cuesta asumir la muerte de mi abuela. He aceptado que mi abuela no está, pero para mí fue un bastión fundamental.

Cuando estabas en la calle, ¿te pasó de recordar que tu abuela ayudaba a todos y que a vos nadie te daba una mano?
Sí, me pasó el primer día, pero si yo me enfocaba en eso, no salía.

¿Sentiste que algún político te quiso usar?

Sí. He tenido discusiones por el hecho que de sentí que podían a llegar a usarme si no me cuidaba. Me pasó que quisieran salir en la foto para las elecciones. Pero hay cosas que no se negocian ni se negociarán jamás.

¿Serías candidato a algo alguna vez?

No sé cómo puedo pensar en unos años, pero en un 90% digo que no. No sería candidato aunque en esos lugares políticos es donde se toman las decisiones y tenés el peso para influir. (…) Si es por decisión personal, no porque va en contra de mis argumentos.

Cuando te parás ahora y ves tu vida para atrás, ¿qué clase de sentimientos se te despiertan?

Agradecimiento. Soy una persona muy agradecida. Agradezco despertarme todas las mañanas y todas las cosas tener la posibilidad de terminar el día. Miro para atrás y agradezco absolutamente todo.

No tengo nada que reprocharme a mí ni a la gente que me rodea.

Quien quiera sumarse para apoyar las nobles tareas de Refugio para los sin-techo, puede acercarse a Juárez Celman 1657. Teléfono 2604696364.

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