TALCA. EN TREN AL OCÉANO PACÍFICO
Por Federico Chaine
La política, la economía y la estabilidad social de América Latina se mueve, irremediable y penosamente, de manera pendular. Un año hay prosperidad y estabilidad en ciertos países. Al poco tiempo la bonanza se traslada a otra fronteras sin el menor aviso. Hace un tiempo la economía chilena atraviesa mejores épocas y esto viene marcando un éxodo de compras hacia el país vecino. Desde San Rafael, General Alvear o Malargüe es incesante la hilera de coches y buses camino al otro lado de Los Andes, en especial los fines de semana largos. El destino de la mayoría es Talca, capital de la Región del Maule ubicada a 256 kilómetros al sur de Santiago.
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| El Buscarril de trocha angosta que conecta Talca con el Océano Pacífico |
Para muchos Talca es sinónimo de shopping y centros comerciales a cielo abierto pero también es una zona con mucho para descubrir para aquellos que se atrevan a dejar el consumismo de lado por algunas horas. La vía obligada por el sur mendocino es el paso Pehuenche, un camino que está muy bien señalizado y mantenido en ambos países. Tras unas horas de espera en la inmigración de Las Loicas el viaje continúa bordeando el río Grande en territorio argentino hasta que aparece un majestuoso espejo de agua con tonalidades azuladas y violetas. Es la laguna del Maule que da origen al río homónimo en el lado chileno. Superamos el trámite migratorio y en horas de la tarde hacíamos check-in en un hotel del centro de Talca, ciudad fundada en 1742 y que cuenta actualmente con cerca de 260 000 habitantes.
En esta ocasión viajaba con mi madre. Ibamos con la idea de descubrir esa zona de Chile y no tan enfocados en las compras. Igualmente nos arrimamos a un par de centros comerciales ubicados a 200 metros del hotel donde adquirimos un par de valijas a muy buen precio y calzado. Esas fueron todas las compras. Investigando que lugares de interés había en los aledaños descubrí la ciudad costera de Constitución a solo 88 kilómetros. Lo más atractivo era que existía la posibilidad de realizar el viaje a bordo de un histórico tren de trocha angosta, el último que queda en Chile. Parte todas las mañanas a las 7:30 horas desde la estación de Talca. Se llama Buscarril y tiene más de 100 años.
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| Hay solo dos vagones con 40 pasajeros cada uno. Son impulsados por un motor diesel de origen alemán |
Es un tren de solo dos vagones con capacidad para 40 pasajeros cada uno. Son impulsados por un motor de origen alemán con tracción diesel, no eléctrica. El cupo de asientos para los extranjeros es limitado. Los pasajes se venden en el mismo día del viaje. No se puede reservar con antelación.
Me apersoné bien temprano en la boleteria y fui el primero en llegar. Para obtener información se puede buscar en www.trencentral.cl y añadir Buscarril). Me entregaron los pasajes y dos papelitos aparte con los números de asiento en el primer vagón desde el cual se podía ver en trabajo del maquinista en la cabina de mando. A las 7:10 se abrieron las puertas para abordar y la formación partió puntualmente. La velocidad máxima es de solo 60 kilómetros por hora. El alba comenzaba a despuntar cuando llegamos a la primera de las estaciones y paraderos del recorrido. La estación Colín (ave similar a la perdiz) se construyó en 1890 y es de arquitectura colonial. Seguimos avanzando y pasamos por el puente Rauquén sobre el río Claro. La siguiente estación es Corinto y recibe este nombre debido a un ciudadano griego que vivió en la zona y mandó a construir un molino. Es una estación de madera y está un poco abandonada actualmente. Cerca de allí hay un santuario a la Virgen Purísima. En el kilómetro 33 arribamos a Curtiduría donde ya aparece en escena el caudaloso Maule que nos acompaña durante el resto del viaje hasta su desembocadura. Este importante río marcó el limite sur del Imperio Inca hasta el siglo XV. El sol ya alumbraba a pleno y pudimos ir apreciando distintos viñedos a través de las ventanillas. La montaña iba quedando atrás ya que nos íbamos acercando cada vez más al mar.
El tendido serpentea entre bosques de pinos, huinganes y lengas. La vista es preciosa y el traqueteo del ten semeja un metrónomo marcando el ritmo. En el kilómetro 44, a mitad de recorrido, se encuentra la estación intermedia más importante. Es la de Jorge González Bastías, un reconocido poeta que vivió y se inspiró en estos paisajes para volcarlos en su obra. Es una estación de adobe y madera construida en 1892. Todos los pasajeros deben descender ya que se realiza un cambio de vías con respecto a la formación que circula en sentido contrario. La parada dura unos 20 minutos que se aprovechan para caminar o beber algo caliente acompañado de las tortitas que ofrecen las venteras en el andén. Observé a los operarios realizando el cambio de carril. El ancho de la vía es de solo un metro, de allí su designación de trocha angosta.
Retomamos el paseo y nos adentramos en el corazón del bosque. Lamentablemente un voraz incendio intencional devastó la zona y se veían muchos claros y árboles calcinados a lo largo del camino. A este desastre se le añadió el tremendo terremoto de 2010 cuya fuerza arrancó y torció las vías del tren en varias partes del trayecto. Debieron ser reconstruidas para que continuara circulando. Pasamos por Toconey, Pichamán (cuya estación fue devorada por el fuego) Forel (también incendiada), Huinganes, Maquehua y el paradero de Rancho Astillero. En este sitio se fabricaban y reparaban las embarcaciones que recorrían el Maule hacia Constitución. En una de sus orillas se pueden degustar las tradicionales lisas ahumadas a la teja.
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| Una de las estaciones del recorrido del tren con más de cien años de antigüedad |
El aire ya se iba inundando del clásico aroma salitroso que indicaba la proximidad del mar. En el kilómetro 83 cruzamos el Maule por última vez antes de su final en el Océano Pacífico. Este puente ferroviario recibe el nombre de Banco de Arena y fue diseñado nada más y nada menos que por Gustav Eiffel, creador de la célebre torre parisina. Su construcción fue complicada y muchos operarios perdieron la vida. Demoraron 26 años en terminarlo. Arribamos a destino luego de tres horas de viaje. La estación terminal nos recibió con mucho sol y fresco aire otoñal. Habíamos apreciado el nacimiento del río en la laguna enclavada en el corazón de las montañas y ahora veíamos como sus aguas se fundían con el Pacífico para terminar su periplo.
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| Las curiosas formaciones rocosas son el atractivo de la costanera de Constitución a solo 88 kilómetros de Talca |
Constitución es una ciudad de 46 000 habitantes y antiguo lugar de refugio de las tribus Changos y Mapuches, enemigos de los Incas. Fue una de las poblaciones marítimas más afectadas por el tsunami que provocó el terremoto de 2010. Las aguas arrasaron construcciones y barcos apostados en la costa. El mar llegó a penetrar hasta el centro de la ciudad. El saldo fue de 60 personas fallecidas y otras 300 se dieron por desaparecidas. Hoy está reconstruido pero aún se observan consecuencias en los lugares donde golpeó el agua. La playa más famosa recibe el nombre de Los Gringos. Hasta allí fuimos en un bus urbano desde la estación de tren. La arena es gris oscura y parece un paisaje lunar. A esto se le suma el atractivo de una serie de formaciones rocosas de formas muy curiosas. La más destacada es la llamada Piedra de la Iglesia que es el ícono de la ciudad.
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| La Piedra de la Iglesia es la postal y el ícono de la ciudad |
Es un promontorio que se eleva solitario junto a las aguas. La Roca de los Enamorados y el Peñón del Elefante son otras de las siluetas pétreas que llaman la atención. En un sector de la playa hay una cancha de rugby con sus dos haches y todo a pocos metros de la rompiente de las olas. Muy surrealista. Se aprecian varios carteles advirtiendo sobre el alto riesgo de tsunamis. El paseo costero es bellísimo y muy aconsejable. Después de tanta caminata el hambre atacaba. Lo más oportuno era sentarse a comer un buen plato de frutos de mar y descansar en uno de los varios restaurantes con vista panorámica del océano. Elegimos uno llamado Casa de Mar con muy buenos precios y esmerada atención y ventanales de cara a las aguas infinitas. Con la panza llena y el corazón contento regresamos a Talca. Lo hicimos en bus que demora dos horas y sale cada 10 minutos desde la terminal ubicada junto a la estación ferroviaria.
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| Arenas negras en la playa de Los Gringos, la más tradicional |
Talca no tiene los paisajes marinos pero si algunos sitios con mucha historia. En la calle Uno Norte 875 encontramos la casa donde pasó su niñez el prócer Bernardo O´Higgins. Vivió allí hasta los 10 años al cuidado de unos amigos acaudalados de sus padres. La casa sufrió deterioros con el sismo de 2010 y todavía la están reparando. Sobre la misma calle, en la intersección con Cuatro Oriente encontramos el Mercado Central con sus puestos de productos frescos y naturales. Parte de sus instalaciones también estaban siendo reparadas por daños causados por el movimiento telúrico.
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| Panorámica del océano desde la terraza del restaurante en el boulevard marítimo |
A la altura del 1200 de la misma Uno Norte desembocamos en la Plaza de Armas, núcleo central de Talca. Está rodeada por un teatro, iglesia y dependencias oficiales. Este espacio verde reúne a quienes quieran disfrutar de una charla, lectura, la sombra en verano y una hermosa pérgola para eventos. Se puede alquilar un karting a pedales y dar vueltas a la plaza para rememorar la infancia. La Municipalidad también ofrece un bus turístico gratuito que se toma en la misma plaza. Funciona todos los días y tiene varios horarios de salida (consultar en www.visitatalca.cl).
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| En esta casa de Talca pasó su infancia el prócer chileno Bernardo O´Higgins. En la pared se observan grietas producidas por el fuerte terremoto de 2010 |
Otra ciudad marítima para conocer es Iloca a 106 kilómetros. Una opción ideal para quienes viajen en coche. A solo 50 kilómetros también se puede visitar el pueblo de Cumpeo donde se ambientó la famosa historieta “Condorito” creada por Pepo en 1949. Lo curioso es que la pequeña población ha sido decorada, en parte, tal como la imaginó el autor. Hay una estatua de Condorito con su fiel perro Whasington, el restautante “El pollo farsante”, la farmacia “Sin Remedio” o el bar “El Tufo” donde vivieron estos entrañables personajes. Como se aprecia, Talca y la Región del Maule no es solo compras. También hay turismo, historia y paisajes. Solo hay que animarse.











