Entre sirenas y cuadernos: la vida de una policía que también es docente en el Valle de Uco
Trabaja en una comisaría, maneja móviles y después da clases en una escuela. Silvia Troncozo lleva 19 años en la fuerza y combina dos vocaciones atravesadas por el mismo objetivo: cuidar y acompañar.

A la mañana se pone el uniforme y cumple funciones en una comisaría. Al mediodía se cambia, se pone el guardapolvo y entra a un aula. Por la tarde vuelve al servicio policial para participar en operativos. Así es la rutina de Silvia Troncozo, de 39 años, auxiliar tercera de la Policía de Mendoza y docente en una escuela adventista en el centro de Tunuyán, en el Valle de Uco.
Tiene 19 años de servicio en la fuerza. Ingresó a los 20 años al Instituto Universitario de Seguridad Pública y, desde entonces, pasó por distintas funciones. Trabajó en comisarías y subcomisarías, en tareas operativas y también como chofer de móviles policiales, siempre vinculada al trabajo en territorio.
Con el paso del tiempo descubrió otra vocación. En 2011 decidió comenzar a estudiar el Profesorado de Nivel Inicial. Fueron años de esfuerzo y organización para sostener la formación junto al trabajo. Se recibió en 2014 y hoy se desempeña como docente de apoyo a la inclusión en una institución educativa de la zona.
“Para mí, tanto en la calle como en el aula, lo importante es estar presente, cuidar y acompañar a las personas”, cuenta Silvia. Aunque se desarrollan en ámbitos distintos, para ella ambos roles comparten un mismo sentido. En la calle o en el aula, su trabajo está atravesado por la idea de cuidar, acompañar y estar presente.
Su día a día exige organización y compromiso. Cumple funciones en la Comisaría 65 de Vista Flores, departamento de Tunuyán; luego continúa su jornada en la escuela y más tarde vuelve al servicio para cubrir recargos y operativos.
A la par, sostiene su vida familiar junto a su pareja y sus dos hijos, a quienes define como su principal sostén. También destaca el acompañamiento de su familia —padres, hermanas y la familia de su pareja— y expresa un profundo agradecimiento hacia ellos por el apoyo constante en todo lo logrado.
Además, destaca el respaldo recibido tanto en la Policía de Mendoza como en el ámbito educativo, lo que le permite desarrollarse en ambos espacios. Su historia refleja cómo dos vocaciones diferentes pueden unirse en un mismo propósito: cuidar, enseñar y acompañar a la comunidad.











