“Vivo donde elegí vivir y trabajo de lo que me gusta”
La frase es de “Pepe”, el dueño de la calesita ubicada en el Parque de los Niños, junto a la plaza Francia. Un hombre común que realiza un trabajo que entrega alegría a quienes están transitando una de las etapas más maravillosas de la vida: la infancia.
Son cientos los chicos de San Rafael y de otros puntos del país (y por qué no del mundo) que ruegan que el día esté despejado para ir al Parque de los Niños a disfrutar de los juegos y por supuesto para dar varias vueltas en la calesita de “Pepe”. Este carrusel que parece ya una marca registrada, se va transformando de a poco en un nostálgico lugar al que sólo suben los más pequeñitos, que a pesar de vivir en la era digital, donde el sonajero parece ser remplazado por el celular, prefieren la calesita como un espacio donde se conserva un cierto magnetismo y encanto.
José Luis “Pepe” Gabriel, dijo: “Soy de Mataderos, Buenos Aires. Llegué el 9 del 9 (septiembre) de 2009 y fui bendecido. Vivo donde elegí vivir y trabajo de lo que me gusta, y ahora voy a Buenos Aires a dar y recibir afecto, tengo a mi mamá, a mi hijo mayor, a mis nietos que ahora están acá y se quedan conmigo durante la temporada, pero estoy tres días allá y al cuarto extraño San Rafael y me quiero venir, porque se vive con un ritmo que es una locura”.
En cuanto al porqué de desarrollar esta actividad en San Rafael, dijo que en realidad todo empezó porque su nieta mayor, Luciana, era fanática de las calesitas. “Ahora ya tiene 14 años, pero cuando vivía allá en Buenos Aires la llevábamos a todas las que había. Esto se relaciona con que mi hijo se viene a vivir a San Rafael cerca del aeropuerto; nosotros veníamos de vacaciones y nos enamoramos del lugar. Le comento a mi señora que si traemos a Luciana no había una calesita en este lugar, entonces pensamos y dijimos ‘la ponemos nosotros’. Y de esa conversación, a los 9 meses surgió que nos viniéramos acá. Renuncié a mi trabajo, yo era jefe de personal de una empresa de caudales de Juncadella, con más de 500 personas a cargo, y a los 50 años, cambié mi estilo de vida”, explicó.
Agregó que ese trabajo sobre todo, “te devuelve mucho”. “Cambió nuestro estilo de vida totalmente, nosotros a los tres días que llegamos, la vecina de al lado nos invitó a cenar para darnos la bienvenida a la cuadra. Eso era algo imposible que sucediera dónde vivíamos, ya que estamos acostumbrados a desconfiar del de al lado en Buenos Aires”, dijo.
Dentro de las anécdotas contó: “El otro día me encuentro un nene que juega al rugby ahora y siempre venía de niñito, ahora te pega esos abrazos y te dice ‘hola Pepe’ y está cambiando la voz y uno se da cuenta de los hermosos recuerdos que deja en los niños. Nosotros hablamos mucho con los turistas y me sorprende como vuelven, y pasan a saludarte. La gente realmente es muy amable conmigo y yo me brindo en todo lo que puedo, por eso digo que soy un bendecido. Yo creo que nos dieron la posibilidad, y si bien se nos hizo duro mientras estuvo cerrado el parque esos 2 años y 4 meses, siempre nos reconocieron y por eso estamos acá. Ahora tengo muchos amigos en San Rafael, que compartimos la mesa y realmente nos divertimos mucho”.
Par finalizar, agradeció a los sanrafaelinos que le dieron esa oportunidad y remarcó la felicidad que le produce ver a tantos niños pasar por allí, sonreír y disfrutar. “Verlos felices no tiene precio, es realmente hermoso estar con tu familia en algo tan lindo como ser parte de la alegría y de los lindos recuerdos que le quedan a los chicos, porque a diario te lo recuerdan, sobre todo cuando los ves cómo han crecido y te abrazan y saludan por la calle”, concluyó con la sonrisa que lo caracteriza.





