Sociedad

Ruta 186: el abandono del Sur mendocino queda al descubierto entre el barro, los pozos y la falta de recursos

Viajar desde Malargüe hasta Agua Escondida puede demandar casi cinco horas por el deplorable estado del camino. Con apenas cuatro motoniveladoras operativas para atender la extensa geografía malargüina, la crisis vial expone la desidia del Gobierno de Alfredo Cornejo y una realidad que se repite en el Sur: los vecinos siguen esperando respuestas.

Lo que ocurre en la Ruta Provincial 186 no es solamente una consecuencia de las lluvias extraordinarias que afectaron a Malargüe. Es también el reflejo de un problema mucho más profundo: la falta de inversión, de maquinaria y de capacidad de respuesta para garantizar condiciones mínimas de transitabilidad en el Sur de Mendoza.

Mientras el Gobierno de Alfredo Cornejo insiste en presentar una provincia en marcha, en los caminos rurales del departamento malargüino la realidad es otra. El barro, los pozos y las lagunas de agua convierten cada recorrido en una aventura peligrosa, donde llegar a destino depende tanto de la pericia del conductor como de las condiciones del terreno.

La situación de la Ruta 186 volvió a encender las alarmas después de las últimas precipitaciones. Hay sectores anegados, una calzada profundamente deteriorada y vehículos que corren el riesgo de quedar empantanados o sufrir daños. El trayecto entre la ciudad de Malargüe y Agua Escondida, que habitualmente demanda alrededor de tres horas y diez minutos, ahora puede extenderse hasta casi cinco horas.

No se trata de una demora menor: son casi dos horas adicionales de viaje por un camino que debería ofrecer condiciones de circulación razonables. Para quienes viven en la zona, esa diferencia significa más riesgos, mayores costos y dificultades para cumplir con actividades cotidianas que para otros mendocinos resultan habituales.

Cuatro motoniveladoras para un departamento enorme

Uno de los datos más preocupantes de la situación es la escasez de recursos de la Subzona Malargüe de la Dirección Provincial de Vialidad. Según la información publicada por Malargüe a Diario, el organismo dispone actualmente de apenas cuatro motoniveladoras en funcionamiento para atender las necesidades de un territorio extenso y con caminos que, en muchos casos, constituyen la única conexión entre los pobladores y los centros urbanos.

Una de esas máquinas está destinada al sector de la Ruta 186, a la espera de que las condiciones del suelo permitan comenzar los trabajos. Las otras tres deben repartirse entre El Alambrado, Bardas Blancas y el Paso Vergara.

El panorama se agrava por los desperfectos mecánicos. Una motoniveladora que trabajaba en la zona de Agua Escondida sufrió daños irreversibles y será retirada del servicio, mientras que otra, ubicada en La Salinilla, permanece parada por una rotura de motor y espera un repuesto.

A la falta de equipos se sumarían restricciones de combustible y dificultades para disponer de personal que opere maquinaria destinada a realizar tareas complementarias, como la apertura de canaletas para facilitar el drenaje del agua acumulada.

¿Cómo pretende el Gobierno provincial garantizar caminos transitables si Vialidad no cuenta con los recursos suficientes para atender las necesidades del territorio?

La pregunta no apunta a desconocer que las lluvias extraordinarias complican cualquier intervención. Apunta a una cuestión elemental de gestión: los fenómenos climáticos pueden agravar el deterioro de una ruta, pero no explican por sí solos la precariedad de los recursos disponibles para repararla.

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El costo del abandono lo pagan los vecinos

La situación de la Ruta 186 afecta mucho más que a quienes transitan ocasionalmente por ese camino. Las consecuencias recaen sobre familias rurales, crianceros, docentes que deben llegar a las escuelas albergue y estudiantes que necesitan trasladarse para asistir a clases o regresar a sus hogares.

Cuando una ruta queda prácticamente intransitable, el aislamiento deja de ser una posibilidad y se convierte en una amenaza concreta para la vida cotidiana de toda una comunidad.

La circulación está restringida, en la práctica, a vehículos altos o con tracción en las cuatro ruedas, aunque ni siquiera esas unidades tienen garantizado llegar a destino. Días atrás, un camión cisterna de gran porte quedó enterrado en el barro durante varias horas y debió ser auxiliado por maquinaria vial.

El episodio demuestra hasta qué punto se han deteriorado las condiciones de circulación. Y también plantea una preocupación mayor: ¿qué sucede si alguien necesita asistencia médica urgente, si un docente no puede llegar a una escuela o si una familia debe trasladarse por una emergencia?

En esas circunstancias, el estado de una ruta deja de ser un asunto exclusivamente vial para convertirse en un problema social, educativo y sanitario.

Cornejo y una deuda que el Sur no puede seguir pagando

El caso de la Ruta 186 vuelve a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa a buena parte del Sur mendocino: la desigualdad en la atención de las necesidades de infraestructura y la falta de respuestas acordes con las demandas de sus habitantes.

Malargüe no es un territorio secundario ni una región que pueda quedar relegada cada vez que aparecen dificultades presupuestarias. Es parte de Mendoza, con pobladores que pagan impuestos, trabajan, producen y necesitan servicios e infraestructura para desarrollar sus vidas en condiciones dignas.

Sin embargo, cuando una ruta queda destruida y Vialidad apenas puede distribuir unas pocas máquinas entre distintos puntos del departamento, la pregunta sobre las prioridades del Gobierno provincial se vuelve inevitable.

La administración de Alfredo Cornejo debe explicar qué medidas prevé para reforzar la capacidad operativa de Vialidad en Malargüe, cómo garantizará la recuperación de la Ruta 186 y qué planificación existe para evitar que cada lluvia importante vuelva a dejar a los pobladores a merced del barro.

No alcanza con esperar que el terreno se seque. Tampoco es suficiente enviar una máquina cuando las condiciones permiten trabajar, si los recursos disponibles resultan insuficientes para atender la magnitud del problema.

Se necesita inversión, equipamiento, personal y una planificación que contemple las características geográficas del departamento. Y, sobre todo, una decisión política de atender las necesidades de una región que no puede seguir esperando indefinidamente.

El Sur no puede quedar librado a su suerte

Las lluvias pueden ser extraordinarias. Lo que no debería ser extraordinario es la capacidad del Estado para responder, asistir a los vecinos y recuperar la infraestructura indispensable para conectar a las comunidades.

La Ruta 186 es hoy una muestra visible de una realidad que preocupa: caminos deteriorados, recursos escasos y pobladores obligados a convivir con dificultades que condicionan su vida diaria.

El abandono no se mide solamente en kilómetros de asfalto que faltan. También se mide en horas perdidas, vehículos dañados, clases comprometidas y familias que no saben si podrán llegar a destino.

El Gobierno de Alfredo Cornejo tiene la responsabilidad de dar respuestas concretas. Malargüe y el resto del Sur mendocino no pueden continuar pagando las consecuencias de una política que, a la luz de situaciones como esta, deja demasiadas necesidades sin resolver.

Porque una provincia verdaderamente integrada no se construye solamente con anuncios y discursos. Se construye garantizando que quienes viven en sus zonas más alejadas también tengan caminos transitables, servicios adecuados y un Estado presente cuando más lo necesitan.

En la Ruta 186, el barro es apenas la parte visible del problema. Debajo de esa calzada deteriorada aparece una pregunta mucho más incómoda para el Gobierno provincial: ¿cuánto más deberá esperar el Sur de Mendoza para dejar de sentirse abandonado?

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