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El amor de quien le da de comer a 250 niños

Hilda Rodríguez es una mujer de 62 años, que le da de comer todos los días a alrededor de 250 niños de 2 a 14 años de edad, en los tres comedores “Caritas felices”. Además, trabajan con un “merendero móvil”. Lo hace gracias al compromiso de otras personas que se contagiaron de su generosidad y de su amor por el prójimo.



Hilda nació en San Rafael, y con solo 10 años perdió a su madre por lo que se mudó con su abuela a El Tropezón. Tras cumplir 16 años, se fue con una tía a vivir Buenos Aires, donde desarrolló el oficio de cocinera. Con el tiempo se casó y tuvo dos hijas, que le dieron cinco nietos que a su vez le dieron cuatro bisnietos. Luego de vivir cerca de 50 años en aquella provincia, decidió volver a su tierra natal, donde viven todos sus hermanos y la familia de sus padres. “Me puse grande y mis raíces tiraron”, asegura.
Aprovechando sus virtudes en la cocina y su nato amor por el prójimo, estando en Buenos Aires se ofreció para trabajar en comedores infantiles. “Cocinaba en un hogar de mujeres golpeadas en Buenos Aires. El juez internaba a las mamás con los niños y yo cocinaba. Entonces ahí me ocuparon para cocinar, para dar la merienda de 14 a 15 y la cena de 19 a 20. Trabajé en un merendero que abrió en la Villa 1-11-14”, recuerda. Así se acostumbró a cocinar para verdaderas multitudes de niños. “Adquirí mucha experiencia y fue lo que quise traer a San Rafael. En ese hogar nos hacían hacer cursos para manejar los niños, cursos de bromatología y de psicología para tratarlos bien. Cuando llegué acá (barrio El Molino), me pregunté por qué no abrir un merendero en un lugar tan pobre”, agregó. Así nació el primer merendero “Caritas felices”.

Lamenta que, a diferencia de Buenos Aires donde el gobierno ayuda constantemente a los comedores con todo tipo de insumos, en San Rafael las cosas se hacen “a pulmón”.

Aprovechó para agradecer a todos los que se sumaron a su causa, ya sea con manos para ayudar o con donaciones de alimentos. “Hay gente que dona desde hace dos años cuando comenzó el comedor. Hay quienes son tan solidarios que no me dejan faltar nada. Me llaman y me preguntan qué necesito y me traen todo”, relata. Aclara que a los merenderos concurren niños cuyos padres no trabajan, hijos de madres solteras o que tienen padres con trabajo pero que simplemente gustan de comer allí. También comen en esos lugares algunos abuelos.

Recientemente sumó un “merendero móvil”, mediante el cual les da de comer a niños cuando salen de la escuela. Reparte leche chocolatada, torta y pan.


“Los cuatro comedores están en el mismo barrio. Yo estoy a la entrada, ese comedor es el número uno, donde yo vivo; el número dos está hacia Rama Caída; el tres está en el centro del barrio; y el merendero móvil está en la calle principal, por la que pasan los niños que van al colegio”, explica. Cabe aclarar que Hilda está a cargo del número uno al que asisten alrededor de 120 niños, mientras que Alicia Osorio dirige el dos y Rosa Rodríguez en el tres. El merendero lo trabajan dos chicas, contabilizando cerca de 250 niños comiendo todos los días. Entre risas, señala que lo que más les gusta a los chicos es la pizza. “Sólo en el comedor donde estoy yo, se comen cerca de 40 pizzas”, asegura.

Quien desee colaborar con la causa de Hilda, ya sea con alimentos, zapatillas o ropa, puede hacerlo llevando donaciones al comedor número uno, que se encuentra entre las entradas que tiene el barrio El Molino, en Vélez Sarsfield y Juan XXIII detrás del sum. Para contacto, está el teléfono 011-66838219 o al Facebook Hilda Rosa Rodríguez.

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