La represión y el cinismo destruyen toda convivencia
Si una misma acción puede ser buena o mala según quien la lleve a cabo, la paz social es una tarea imposible.
El mismo Mauricio Macri que ha mandado reprimir a los docentes que montaban un aula itinerante en la Plaza de los Dos Congresos, es quien en Abril del 2013 acampó en la misma plaza junto a sus aliados políticos y otros tantos integrantes del actual Poder
Ejecutivo Nacional para enfrentar políticas de la entonces Presidente Cristina Fernández de Kirchner.
El cambio de reglas según las necesidades e intereses particulares produce en la sociedad una permanente confusión sobre qué es lo bueno y qué lo malo, qué es lo justo y qué lo injusto.
Si el presidente Macri está convencido que tiene razón, es inaceptable que mande a la policía a reprimir maestros con la saña que las imágenes relatan por sí solas.
El ejecutivo nacional sabe que lo que hizo ayer está mal, y la demostración más cabal de eso es que los ministros nacionales derivaron, en las fuerzas de seguridad de la ciudad, la responsabilidad por las acciones llevadas adelante.
Este conflicto gira en torno a la educación, a cuál es la prioridad que para el gobierno tiene la formación de nuestros hijos, las estructuras en que se forman y el valor que se le asigna a la tarea docente.
Compartimos con Sarmiento la idea de darle a la educación el rol de gran desarrollador de los pueblos, no compartimos tanto aquello de “la letra con sangre dentra”.
Entre la revolución de la alegría y los desbordes represivos, debe haber algo superador que sólo garantiza el diálogo, respetando al disenso con reglas que sean para todos iguales y parejas.
Roberto Righi – Omar Felix






