Un estudio afirmó que estar mucho tiempo mirando las redes sociales es más perjudicial de lo pensado
Especialmente en adolescentes, “scrollear” puede tener consecuencias para la salud mental.

Pasar más de dos horas por día en redes sociales durante la adolescencia podría estar asociado con un mayor riesgo de síntomas depresivos y peor bienestar. Esa es la principal conclusión de una investigación australiana que siguió durante una década a casi 1200 chicos de Melbourne y que puso de manifiesto el vínculo entre pantallas, salud mental y edad de acceso a las plataformas.
El trabajo, liderado por el Murdoch Children’s Research Institute y publicado en el Medical Journal of Australia, no afirma que las redes sociales causen depresión. Ese punto es clave: los investigadores encontraron una asociación entre más tiempo de uso y peores indicadores de salud mental, no una relación directa de causa y efecto.
El estudio analizó datos del Child to Adult Transition Study, una investigación que siguió a chicos entre los 9 y los 19 años. Los especialistas recopilaron información anual sobre uso de redes sociales y distintos indicadores de salud mental, entre ellos síntomas depresivos, ansiedad, bienestar y autolesiones.

La comparación principal se hizo entre adolescentes que usaban redes sociales menos de una hora por día y quienes pasaban al menos dos horas diarias en esas plataformas. En este último grupo, los investigadores observaron una mayor probabilidad de síntomas depresivos elevados y peor bienestar en la medición del año siguiente.
Cuál es la edad más sensible
La asociación más fuerte apareció en chicas de 12 y 13 años. Para los autores, esa etapa de la adolescencia temprana es una instancia clave para acompañar el uso de redes y establecer pautas más claras.
A esa edad suelen coincidir varios cambios: mayor autonomía con el celular, ingreso a aplicaciones sociales, presión del grupo, comparación con otros usuarios y exposición constante a contenidos que pueden afectar la autoestima.
Para muchos adolescentes, las redes sociales funcionan como lugares de conversación, pertenencia, expresión personal y contacto con comunidades que no siempre encuentran fuera de internet.
El riesgo aparece cuando el uso intensivo se combina con otros factores: menos horas de sueño, exposición a ciberacoso, presión por responder de inmediato, comparación social frecuente o contacto con contenidos dañinos.
El tiempo de uso es solo una parte del problema
La cantidad de horas frente a las redes es un dato importante. Pero también importan el tipo de uso, los contenidos que recibe cada adolescente, las interacciones que mantiene y el impacto del celular en el descanso.
Usar una plataforma para hablar con amigos tiene un efecto distinto al de quedar expuesto a hostigamiento, contenidos extremos o dinámicas de comparación permanente. Revisar notificaciones hasta tarde también puede afectar el sueño, una variable central para la salud mental en la adolescencia.
Por eso, el trabajo apunta a una combinación de medidas: límites adecuados para cada edad, acompañamiento familiar, educación digital y herramientas para que los adolescentes entiendan mejor cómo funcionan las plataformas que usan todos los días.



