Si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él
En la política argentina, los principios muchas veces ceden ante la lógica del poder.

La reciente alianza entre Alfredo Cornejo y Javier Milei en Mendoza no solo lo confirma, sino que también reabre un viejo debate: ¿hasta dónde se puede estirar la coherencia ideológica con tal de asegurar un resultado electoral?
Cornejo y Milei: una fusión inesperada
La decisión del gobernador de Mendoza de asociarse con el oficialismo nacional libertario de Javier Milei marca un giro inesperado. Lo que alguna vez fue un enfrentamiento discursivo entre dos figuras que representaban modelos muy distintos de país, hoy se convierte en una alianza estratégica con fines electorales. Bajo un mismo paraguas, competirán en las elecciones legislativas de octubre, compartiendo boleta y apostando a maximizar votos.
En los papeles, la fórmula parece beneficiosa para ambos: Milei logra ampliar su red de apoyos territoriales con estructura radical, mientras Cornejo se asegura un respaldo nacional que puede ser clave para sostener su proyecto político en Mendoza. Pero no todo es ganancia. El pacto ya generó ruidos internos y fracturas dentro del frente mendocino.
¿Convicción o supervivencia?
Lo que algunos definen como una movida táctica, otros lo ven como una señal de rendición. Cornejo, símbolo del radicalismo moderno, opta por compartir espacio con quien, hasta hace poco, cuestionaba duramente no solo a su partido, sino a la política tradicional en su conjunto. Este viraje plantea interrogantes profundos sobre los límites del pragmatismo.
¿Puede convivir el pensamiento liberal-republicano del radicalismo con la visión disruptiva y muchas veces autoritaria del oficialismo libertario? ¿No se corre el riesgo de que la alianza termine absorbiendo a los socios más moderados bajo una retórica más extrema?
Las consecuencias empiezan a verse
La decisión no tardó en generar costos. Sectores del frente mendocino ya se bajaron del barco, aduciendo razones éticas e ideológicas. La incomodidad no es menor: apoyar a un gobierno que ha implementado ajustes drásticos, recortado derechos y concentrado poder genera tensiones en un espacio que históricamente defendió el rol del Estado, el federalismo y el diálogo institucional.
Cornejo, conocido por su olfato político, quizás esté haciendo una lectura fría del contexto nacional: Milei mantiene altos niveles de apoyo y, al menos por ahora, es un socio electoral más rentable que cualquier otra figura opositora. Pero ese cálculo puede volverse en su contra si el electorado mendocino siente que se traicionaron convicciones por conveniencia.
Una advertencia para el radicalismo
Esta no es solo una historia mendocina. Es un síntoma de algo mayor: el radicalismo, enfrentado a su propia crisis de identidad, se debate entre mantenerse como una fuerza autónoma o subsumirse dentro de alianzas que desdibujan su perfil. Lo que hoy ocurre en Mendoza podría ser el preludio de reacomodamientos más profundos a nivel nacional.
Al final, la pregunta no es si esta alianza traerá más bancas. La pregunta real es si, en el camino, no se pierde algo más importante: la identidad política.
Cornejo eligió un camino riesgoso: aliarse con quien solía ser su adversario más ruidoso. Tal vez consiga votos, pero lo que aún está por verse es si, en esa búsqueda, no termina fortaleciendo un proyecto que, en el fondo, representa todo lo que el radicalismo solía cuestionar.



