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Rubén Báez: hombre de música y mundo

Rubén Báez tiene 60 años y desde hace más de 40, está en el mundo de la música. Entre otras cosas, formó parte de “Casablanca”, uno de los grupos más exitosos que tuvo San Rafael. La historia de un cantante, guitarrista, compositor y “showman” que pisó escenarios de todo el mundo.



Este hombre nacido y criado en San Rafael, tras pasar la adolescencia se fue junto a dos amigos (Ariel y Luis Contreras) a Buenos Aires donde ejerció el periodismo y fue coordinador en revistas de Editorial Atlántida, como 7 Días, Radiolandia 2000 y Para ti. Más tarde decidieron cruzar a Uruguay y de allí a Brasil, país del que Rubén se enamoró, por lo que se quedó a vivir allí por más de 18 años.
Se puso de novio con una modelo de los jeans Lee y codeándose en ese ámbito –alrededor de 1978– fue que se acercó a la música y comenzó a cantar. Primero pasó por el estilo romántico en bares y cabarets (que no eran espacios ligados únicamente al sexo, sino que tenían buenos espectáculos). Fueron justamente aquellos lugares donde se lanzaron muchos artistas que, con el tiempo, alcanzaron fama nacional. “Llegó un momento en que me pagaron y yo no podía creer que me pagaran tan bien”, recordó. En Río de Janeiro grabó un disco que si bien no trascendió fronteras, le dio un fuerte empuje personal. Tuvo la oportunidad de trabajar durante un tiempo en los cruceros de Royal Caribean y de Eugenio C, lo que le dio la posibilidad de conocer muchos países. Más tarde hizo contratos con Coca-Cola e incluso ganó en la década de 1980, el festival interno de la empresa para la que en total, trabajó 6 años, lo que le permitió grabar en portugués, español, japonés y alemán.

Se casó en Río de Janeiro y vivió 9 años en esa ciudad y 9 en Sao Paulo, aunque después por cosas de la vida, se separó. Aquella historia de amor le dio como fruto a un hijo, Mauro, que a su vez lo hizo abuelo de Tati y Coqui.

Rubén Baez con sus nietas Tati y Coqui

Si bien compuso canciones (no solamente hizo covers), siente que es “una deuda” consigo mismo no haber alcanzado en su país lo que alcanzó en el exterior. Sin embargo al regresar a San Rafael –y gracias a la experiencia adquirida– puede decirse que “revolucionó el pueblo”. Integró “Casablanca” junto a Néstor “Coco” Fuentes (que era el director) y los cantantes Juan Carlos Zabala y Ricardo Amaya. Luego partió nuevamente a Brasil y en su lugar quedó la cantante Claudia Zarate; a su regreso, junto a Casablanca se fue a Chile, país que recorrieron durante dos años, cantando en estadios y siendo teloneros de shows internacionales. El éxito y el talento lo llevaron a Rubén a cantar en prácticamente todo Latinoamérica.

Cabe decir que en nuestra ciudad, Casablanca fue una de las bandas que se destacaba en conciertos que se hacían en la peatonal que se generaba –especialmente los fines de semana más calurosos– en la zona que incluye las primeras cuadras de avenida San Martín, donde había bares como Mailén, El Molino, El Colonial y Gath & Chaves, entre otros. “Casablanca fue algo maravilloso que nos pasó a todos, nosotros vivíamos tan ‘apurados’ en esa época que no alcanzábamos a saborear lo que estábamos viviendo. Andábamos tan rápido que no nos dimos cuenta y ahora la gente me para, me pregunta por mis compañeros… Realmente nosotros no supimos del momento que estábamos viviendo”, dijo. Sobre la separación del grupo, señaló que tuvo que ver con que “ya no daban los números, no se podía vivir de eso” y por eso fue él el primero en abrirse.


Con algo de nostalgia por aquellos años de verdadera gloria, sigue viviendo de la música gracias a lo cosechado y fundamentalmente a que su “currículum” le permite estar presente en shows privados y espectáculos como los que organiza con gran éxito Casino Tower, empresa a la que –como muchos otros– le agradece por el enorme apoyo que entrega a los artistas que pisan su escenario. “El Casino Tower le ha dado un empuje enorme a la música, porque ha valorado muchísimo la actuación, paga bien y le da trabajo a muchísima gente”, destaca.

En lo personal, al momento de poner música –en el auto o para ducharse– tiene un criterio muy amplio, sin un artista o estilo en particular, aunque sí investiga en diversos ritmos a los que lo lleva la curiosidad. Uno de los que destaca, es el Forró.

Se muestra algo crítico con el trato que reciben los músicos en la actualidad, considerando que son un poco “usados”. Haciendo un cálculo muy gráfico, recuerda que cuando llegó de Brasil hace más de dos décadas, “un café valía 1 peso (1 dólar)” y que a los cantantes les pagaban “450 cafés”. Si multiplicamos lo que vale un café hoy por 450, nos da alrededor de 13 mil pesos, una cifra prácticamente inalcanzable por un artista local. “La música está muy desvalorizada hoy en día”, afirma. Además, siente que hay mucha gente que se sube a los escenarios de bares sin formación ni experiencia, con la venia de empresarios que lejos de pretender calidad musical, se limitan a contratar a alguien que cante sólo para que “haya música”.

Nos animamos a decir –con la ratificación que dan otros músicos– que Rubén Báez es uno de los artistas más importantes que tuvo y tiene San Rafael, siendo un referente con un nombre claramente vigente en la música del sur mendocino.

Quien esté interesado en contratar a este prestigioso y reconocido showman para hacer de un evento una verdadera fiesta, puede contactarlo comunicándose al 2604-519258.

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