RIO DE JANEIRO: PLAYA, HISTORIA Y CULTURA
Por: Federico Chaine
En 2007 fueron elegidas las Nuevas Siete Maravillas del Mundo mediante votación universal. Como viajero me propuse verlas todas personalmente y poco a poco fui completando la lista.
El paseo marítimo de Copacabana y las tradicionales “orlas” adornando la vereda
A la sazón me quedaban dos en el tintero: Chichén Itzá en la Península de Yucatán y el Cristo del Corcovado en Río de Janeiro. Por razones de tiempo y presupuesto enfilé hacia la “Cidade Maravilhosa” junto a Valeria, mi compañera de aventuras por Medio Oriente. Nos alojamos en un hostel en la zona de Copacabana a solo 5 cuadras de la famosa playa carioca. Esta fue nuestra primera parada. Era de tarde y estaba nublado. Nos extrañó ver que había muy poca gente a pesar de ser pleno mes de enero.
Visitamos en tradicional hotel Copacabana Palace que fue inaugurado en 1923 y está justo sobre la línea de playa en la Avenida Atlántica. Su estructura tiene reminiscencias de los hoteles de la Riviera Francesa. Aquí se alojaron personalidades como Brigitte Bardot, Janis Joplin, Madonna, Paul McCartney y los Rolling Stones. U2 filmó algunas tomas del videoclip del tema “Walk On” en sus amplios balcones con vista al mar. La idea era tomar el té mirando las aguas pero el salón habilitado para ese fin daba a un patio interno y no nos interesó.
Al día siguiente comenzamos una larga caminata hasta la vecina playa de Ipanema.
Puesta de sol en la playa Ipanema con el morro
Dos Hermanos de fondo
Toda la vereda del paseo marítimo está decorada con las célebres “orlas” que identifican mundialmente a esta rambla junto a la arena. Nos detuvimos frente al edificio Ypiranga al 3940 de la Avenida. Con su forma redondeada daba cobijo en el último piso al estudio del arquitecto Oscar Niemeyer, creador de la ciudad de Brasilia (actual capital) y referente de la arquitectura moderna internacional. Su obra vanguardista se estudia en todas las universidades del mundo. Falleció en 2012 a los 104 años y es uno de los personajes cariocas más queridos. Muy cerca de allí sobre la orla se haya la escultura del poeta Carlos Drummond de Andrade quien posa sentado en un banco con las piernas cruzadas observando la vida relajada de los veraneantes. Quien pasa por allí se inmortaliza en la foto sentándose junto a él con con los morros, la arena y el océano como telón de fondo. Al final del paseo nos encontramos una saliente rocosa donde se emplaza el Fuerte de Copacabana, una construcción militar utilizada en tiempos del Imperio. Hoy se puede visitar su museo, sala de máquinas, bar y la imagen de la Virgen de Copacabana que fue bendecida por el Papa Francisco en su visita oficial a Brasil. Desde el Fuerte se aprecian unas vistas panorámicas completas de la popular playa de Río.
Continuamos el periplo y pocos minutos más tarde apareció ante nosotros la otra playa icónica: Ipanema. La vista del morro Dos Hermanos le da un marco perfecto a esta franja de arena más exclusiva que su prima de al lado. Tom Jobim, compositor de la canción “Garota de Ipanema” junto con Vinicius de Moraes que puso la letra, camina con la guitarra al hombro en forma de escultura. La foto con él es otra de las imprescindibles. Las aguas ofrecían tono turquesa muy caribeño mientras el sol brillaba en su esplendor. Los vendedores ofrecían a viva voz las caipirihnas bien frías y de todos los sabores frutales imaginados. Almorzamos unos frugales sandwiches de mortadela (preparados con los elementos del desayuno) admirando el paisaje y la vida playera hasta que el sol se puso bravo. Hicimos un break para descansar de los rayos de Febo y esperar el poniente. Fuimos hasta el bar “Garota de Ipanema” (antes llamado Veloso) donde se compuso esta canción con ritmo de bossa nova. Es muy visitado y posee fotos y recortes periodísticos que recuerdan que allí se inspiraron los autores en 1962. Toda la bohemia carioca se reunía en esta esquina. Jobim y De Moraes ya fallecieron pero la verdadera garota que inspiró la canción tiene 71 años y todavía se pasea por la zona. Su nombre es Heloisa Pinheiro y es dueña de varias tiendas de bikinis. Caminamos las tres cuadras de regreso a la arena para ser testigos de un atardecer de ensueño con el sol bajando detrás del morro Dos Hermanos, el mar acariciado por una luz rojiza y una banda tocando bossa nova en vivo. La gente apostada en la “Pedra do Arpoador” aplaude cuando el sol se termina de perder en el horizonte. Un perfecto día de playa. Al día siguiente tomamos el metro en la estación Cardeal Arcoverde muy cerca del hostel. Pusimos rumbo al norte hacia la estación Maracaná. El nombre da una idea clara del destino. En este estadio se han disputado dos finales de Copa Mundial FIFA (récord que comparte con el Azteca): el “Maracanazo” de 1950 donde Brasil cayó 2 a 1 ante Uruguay y la más reciente en 2014 cuando Argentina claudicó ante Alemania por 1 a 0 en tiempo suplementario.
Levantando la Copa del Mundo en la entrada del Maracaná. Bandera que recuerda la tragedia aérea del club Chapecoense
Problemas en la administración tras los Juegos Olímpicos de 2016 hicieron que estuviera cerrado al público para la visita guiada. Nos retratamos en la puerta de ingreso sosteniendo una réplica de la Copa del Mundo y una bandera brasileña que recordaba la reciente tragedia del Club Chapecoense cuyos integrantes perecieron en un accidente aéreo en Colombia.
Por la tarde me reuní en un café de Copacabana con el músico y escritor Alvaro Az. Un carioca que, aunque parezca extraño, es hincha fanático de Rosario Central y su máximo ídolo futbolístico es Mario A Kempes. El dirigía la página web del Matador y en 1997, cuando publiqué su biografía autorizada, uno de los ejemplares de mi libro viajó a Rio de Janeiro a las manos felices de Alvaro. Nos conocimos personalmente 20 años después y me dedicó un libro publicado con uno de sus poemas. Todo un gesto.
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| Junto al músico y escritor carioca Alvaro Az. Un fanático de Mario Kempes y Rosario Central. Me obsequió un ejemplar de su libro de poesías |
Las playas y el mar son los grandes atractivos de esta ciudad pero yo deseaba conocer la urbe más detalladamente. Nuevamente abordamos el metro hasta la Estación Central y desde allí iniciamos una caminata por el centro. El Sambódromo Marqués de Sapucaí fue diseñado por Niemeyer y es el lugar donde desde 1984 se desarrolla el Carnaval, la fiesta máxima de los cariocas. Su pasarela mide 550 metros de largo. Miles de personas se congregan para ver el desfile de la Escolas do Samba que cada noche seducen con sus coloridos atuendos y cuerpos esculturales. Para los Juegos Olímpicos el Sambódromo fue el escenario para el Tiro con Arco. El martes es día gratuito para ingresar en los museos públicos.
El Sambódromo Marqués de Sapucaí donde se desarrolla el famoso “Carnaval de Río”.
Fuimos al recién inaugurado Museo del Mañana junto a la bahía de Ganabara. La cola era kilométrica y el tiempo de espera estimado de tres horas. Abandonamos la futurista estructura del edificio diseñado por Santiago Calatrava y cruzamos al Museo de Arte donde ingresamos en solo cinco minutos. Había visto en National Geographic las 10 bibliotecas más bellas del mundo y una de ellas era el Real Gabinete Portugués de Lectura ubicado en la calle Luis de Camoes en pleno centro. Una joya arquitectónica erigida durante el reinado de Manuel I (1495-1521) que combina elementos góticos con otros del Renacimiento italiano. El mobiliario, los vitreaux del techo, los libros y el ambiente donde flota el saber te deja sin habla. Si Río no me pareció la ciudad maravillosa de la que todos hablan este lugar sí que amerita ese calificativo.
La biblioteca del “Real Gabinete Portugués de Lectura”
está entre las 10 más bellas del mundo. La foto no le hace justicia al lugar.
Continuamos el recorrido hacia la Catedral de San Sebastián cuya forma exterior semeja más una pirámide azteca que un templo cristiano. Su interior es no menos novedoso con amplísimos vitrales que se funden hacia el techo que forma una cruz con paneles vidriados. Desde allí al acueducto carioca o arcos de Lapa hay solo unos metros. Esta antigua obra llevaba agua desde los cerros a la ciudad en tiempos coloniales. Otro de los hitos céntricos es la escalera de Selarón. Una amplia escalinata de 215 peldaños adornada con miles de coloridos azulejos. La obra fue idea del ceramista chileno Jorge Selarón quien por su propia voluntad fue adornado el paseo con azulejos traídos de todas partes del mundo. Allí se realizó una toma para el video “Walk On” con los U2 sentados en la escalera. También filmaron videoclips Snoop Dog y Wisin y Yandel. Selarón comenzó a pegar azulejos en 1990. El 10 de enero de 2013 su cuerpo calcinado fue encontrado al pie de la escalera. Su asesinato aún no ha sido esclarecido.
Por fin llegó el momento de subir hasta la cima del cerro Corcovado, a 710 metros sobre el nivel del mar, para observar de cerca al Cristo que se erige allí. La enorme escultura de 30 metros domina el paisaje de Río en 360 grados. Fue inaugurada en 1931. Con sus brazos abiertos recibe a millones de visitantes de todo el orbe quienes una vez allí luchan por la foto con el señor de barba.
Cristo del Corcovado. Una de las Siete Nuevas
Maravillas del Mundo.
Hay colchonetas repartidas en el suelo para que la gente se recueste y hacer la toma de la escultura completa. Valeria llevaba un palo de selfie y de él nos servimos para lograr nuestras instantáneas sin tener que recostarnos en el suelo caliente. Todo Río se aprecia a los pies del cerro. Son vistas muy bellas pero no me quitaron el aliento. No se entiende muy bien como este lugar entró en las Siete Maravillas pero debe de haber sido que el pueblo brasileño (200 millones de habitantes, el quinto más poblado del mundo) votó masivamente a su Cristo y logró su cometido.
Nos faltaba el otro imprescindible: Pan de Azúcar. Llegamos dispuestos a subir al funicular que trepa hasta allí. Se llama “Bondinho” y cumplió 100 años. Costaba 76 Reales (21 dolares). Un asalto a mano armada. Decidimos poner a trabajar el cuerpo y subimos a pie hasta el Morro de Urca que es solo un poco más bajo que el susodicho y con las mismas vistas pero a un costo de cero monedas y ejercicio saludable. Las vistas son buenas pero mucho menos panorámicas que desde el Corcovado. Al descender nos bañamos en la playa Vermelha (roja) para despedirnos de Río. Por la noche partimos en bus rumbo a la populosa San Pablo, la ciudad más grande de América Latina. Tras seis horas de viaje arribamos temprano en la mañana. La primera visita fue al cementerio de Morumbí para presentarle nuestros respetos al piloto de Fórmula Uno Ayrton Senna fallecido trágicamente en mayo de 1994 durante una carrera en Imola. Su tumba se ubica muy cerca de la entrada al camposanto en el primer cantero y junto un árbol. Los fans siempre le arriman flores y recuerdos a uno de los máximos ídolos de la historia del automovilismo. Regresamos al centro con la idea se subir a la Torre Banespa, el edifico más alto de la ciudad. Desde su terraza se aprecia el panorama de la megalópolis paulista.
La tumba del inolvidable Ayrton Senna en el cementerio de Morumbí en la ciudad de San Pablo.
Le pedimos indicaciones a unos policías quienes nos comentaron que estaba cerrado el acceso al balcón del edificio debido a la gran cantidad de suicidios que habían acontecido con gente que se tiraba al vacío desde la altura. Cambiamos los planes y pusimos rumbo al Mercado Municipal caminando por las calles atestadas de gente, coches, motos y carros de tracción humana. Un caos que me recordó a ciertas ciudades de la India. En dicho mercado se encuentra todo tipo de productos frescos y es clásico sentarse a comer un sándwich de mortadela o tarta de bacalao. Valeria adquirió un variado surtido de especias para regalar. El vuelo de regreso a Santiago de Chile partía por la noche desde el aeropuerto de Guarhulos. Combinamos una serie de metros y buses para llegar hasta allí con tiempo. Retrasamos una hora el reloj y nos dispusimos a esperar. Todo el día siguiente lo dedicamos a recorrer la capital chilena. La Biblioteca Nacional, el Cerro Santa Lucía, Providencia, Bellavista, la casa de Neruda bautizada “La Chascona” en honor a su tercera mujer y Costanera Center, el centro comercial más grande de latinoamérica, fueron algunos de los destinos con los que culminó el periplo sudamericano.










