Iván Siracusa: un referente indiscutible del ajedrez en San Rafael
Querido, admirado y fundamentalmente, respetado por muchísimas personas que alguna vez lo tuvieron enfrente, tablero de ajedrez por medio, Iván Siracusa es todo emblema de ese indiscutible “deporte mental”.
Iván tiene 59 años y es un fanático del ajedrez, un juego-ciencia que le cambió la vida desde muy joven y que lo llevó a convertirse en docente, además de competir y triunfar en diversos torneos. Quienes lo conocen, difícilmente no puedan asociarlo al tablero, las fichas a su inconfundible “¡jaque mate!”
¿Desde hace cuánto tiempo jugás al ajedrez?
Juego desde que tenía 9 años, o sea que hace 50 años que estoy jugando al ajedrez, de una u otra manera. Es mucho tiempo (risas).
¿Quién te enseñó a jugar?
Mi tío, que es médico, “El Pichón” Siracusa, le dicen. Él había aprendido en el colegio Maristas y después había jugado en la universidad de Medicina. Me enseñó, me dio mis primeras armas, me ganaba, siempre, me daba una rabia terrible. Y un día me dijo “esto está en los libros”, “¿en qué libros?”, le pregunté, y me mostró un diario en el que salían partidas de Anatoli Karpov y de Víktor Korchnói. Me di cuenta que se podía estudiar, y estuve insistiendo para que mi madre me comprara un libro de ajedrez, para mejorar y aprender. Me costó porque no se conseguía.
Un día me preguntó “¿qué querés para tu cumpleaños?”, y le dije “¡un libro de ajedrez!” No podía entenderlo, pero me lo regaló y ahí empecé, a ver que se podía mejorar, porque es un juego que tiene muchas virtudes, y una de ellas es que uno puede reinventarse y aprender estrategias nuevas, jugadas nuevas y que usando la mente, uno puede lograr el ansiado triunfo.
¿Cuánto tiempo te llevó llegar a ser profesor?
No es algo que yo planificara, sino que es algo que se fue dando de la vida misma. Estuve estudiando el profesorado el profesorado de Geografía y Ciencias Biológicas, y en ese mismo momento, el que era campeón mendocino, “El Loco” Carlos Alejandro Martínez, estuvo en San Rafael y dio unos cursos de iniciación, y me envalentoné con otro compañero de la escuela Normal, y empezamos a hacer un mach, jugábamos partidas y ahí me acerqué al club español, donde me contacté con los mejores jugadores de San Rafael, terminé mis estudios y surgió la idea de crear una escuela. Cuando era bien joven, no había un lugar donde se pudiera ir a aprender. El Club Español era para gente mayor de 18 años, así que quedó la idea y se plasmó con la fundación de la Escuela de Ajedrez en el club Español, el 12 de octubre de 1991. A partir de ahí fui profesor estable de la escuela; hemos ido de un lado para otro, pero siempre he estado ligado a la enseñanza, que está entre las cosas que más me gustan porque me encanta transmitir este amor que tengo por el ajedrez a otras personas.
Aprender ajedrez es “comer inteligencia”, ¿no?
El ajedrez tiene mucha belleza, mucha lógica, mucha concentración, y a veces para ganar a contra de lo que es este mundo material donde todo es materia, para ganar tenés que regalar la dama, sacrificar una pieza, sacrificar dos piezas, para lograr que el rey quede indefenso y, a lo que parece una locura como puede ser regalar las piezas, se corona con un “jaque mate” bellísimo. Hay partidas que son obras de arte realmente.
¿El ajedrez podría ser una “metáfora de la vida”?
Es una metáfora de la vida. El gran campeón Garry Kasparov, un ruso que fue durante más de 10 años el número uno del mundo, escribió un libro que se llama “Cómo la vida imita al ajedrez”, y ahí pone un montón de enseñanzas que él adquirió jugando al ajedrez, que hoy en día mucha gente utiliza para negocios, donde uno tiene que utilizar la capacidad mental para lograr la mejor alternativa.
El ajedrez es una escuela de eso, porque cada jugada que se tiene que hacer es el desafío de encontrar la mejor, la mejor jugada en un tiempo a veces limitado, razonando, comparando, calculando, todas esas condiciones que son cualidades de la mente se ponen en práctica con el ajedrez.
¿Podrías calcular la cantidad de alumnos que has tenido adelante?
Es difícil… A veces me saluda alguien, algún adulto y me dice “¡profesor!”, y yo ni lo reconozco. Debo haber tenido 600 alumnos. Una vez, en un torneo nacional, el torneo Evita que se hacía en Mar del Plata, me encontré un hombre que me dijo “profesor, ahora soy el encargado del ajedrez en Santa Cruz, porque usted me enseñó, y me fui a vivir allá y me quedó la idea, y fundamos un club”. Uno no sabe hasta dónde puede llegar cuando le enseña a alguien.
¿Campeonatos jugados?
Muchísimos. Hace poco fui a jugar un campeonato “Senior”, para mayores de 50 y mayores de 65 años. Se hizo en Mendoza, en la nave cultural. Fue un evento muy lindo y me hizo volver a la esencia del juego, porque se hace pensado, tenés casi seis horas para jugar la partida, pero no tenés esa esquizofrenia de jugar rápido porque no es por tiempo, entonces analizas, ves la belleza que tiene el juego y ganás o perdés, pero me gustó muchísimo participar, y espero seguir participando de los campeonatos como ese, porque los años han pasado pero vamos por más.
En el ajedrez se hacen muchas amistades, ¿no?
Lo mejor del ajedrez son las amistades. Yo lo valoro muchísimo, he hecho amigos en todo el país. Ahora con las redes te contactás con cualquier profesor, y es una época en la que uno puede estar al instante en cualquier lugar. El ajedrez se ha beneficiado mucho con las redes, porque se está jugando muchísimo a nivel internet, hay páginas que cada vez están mejor porque no sólo permiten jugar, sino aprender, resolver ejercicios, tienen un ranking para ver si mejoras o no… Hace algunos años, hay quienes decían que el ajedrez estaba en decadencia, que iba a quedar obsoleto, pero se equivocaron porque hoy en día, más que nunca, el ajedrez está presente y como herramienta pedagógica, es único.
Pregunta importante: ¿Le pudiste ganar a tu tío?
¡Le gané! Le gané al “Pichón”, no me quiere jugar ahora (risas), porque obviamente, cuando uno tiene las armas y los recursos, está sobrado. Yo le reconozco que hizo mucho por mí, que ha sido un referente y… Me gustó vencerlo.
Este docente estuvo en la organización de un evento en la plaza San Martín, del que participó Indalecio López Miller (foto con Siracusa), el campeón mendocino, de 26 años. Varios jugadores tuvieron la oportunidad de enfrentarlo al mismo tiempo, generando un momento de gran entretenimiento y estrategia.
La Escuela de Ajedrez que conduce Iván Siracusa está en Av. Mitre 176 y está presente en Facebook. Son las instalaciones deportivas de la Universidad Tecnológica Nacional en San Rafael, que alberga a los competidores y los impulsa a seguir adelante. El presidente es Jorge Russo (foto con Siracusa), quien lleva adelante notables tareas para difundir el juego, gracias a los cual, puede decirse que San Rafael tiene de las mejores instalaciones del país. En verano funcionará a diario desde las 19.30.






