Opinión

Cuentas que pocos hacen: El deterioro de las rutas y un impuesto que no se ve

Mientras las rutas se deterioran, un impuesto específico al combustible recauda miles de millones de dólares que no se reflejan en obras viales.

Rutas en mal estado: una realidad cotidiana

No hay conductor que no lo haya notado ni usuario que no haya sufrido sus consecuencias. El mal estado y la falta de mantenimiento de la red vial, tanto provincial como nacional, es una postal repetida en todo el país.

Baches, banquinas destruidas, señalización deficiente y rutas peligrosas forman parte del día a día, con un costo que se mide no solo en daños materiales, sino también en vidas humanas.

“No hay plata”, la excusa más repetida

La explicación oficial y extraoficial suele ser siempre la misma: “no hay plata”. Sin embargo, hay un dato clave que muchos desconocen o prefieren no poner sobre la mesa.

En cada litro de combustible que se comercializa en la Argentina existe un 28 % de impuestos cuya finalidad específica es financiar obras de infraestructura vial e hidráulica, como rutas, caminos, puentes y obras complementarias. No obstante, en distintas oportunidades, parte de esos fondos fue redireccionada a la Tesorería General para cubrir otros gastos.

Los números que explican el problema

Para dimensionar de qué recursos se habla, se tomaron como referencia dos períodos recientes. En diciembre de 2023 el consumo de combustible fue de 24.975.000 metros cúbicos, mientras que en diciembre de 2025 descendió a 16.909.725 m³. Con esos datos, se obtiene un promedio estimado de 20.900.000 m³ mensuales.

Cada metro cúbico equivale a mil litros. Si se toma un valor de $1.500 por litro (aproximadamente un dólar, para simplificar los cálculos), se tributan U$S 28 por cada m³.
El resultado es elocuente: unos U$S 585 millones por mes en concepto de impuestos vinculados a la infraestructura vial.

Proyectado a lo largo de los 24 meses de la actual gestión, el monto total asciende a U$S 14.044.800.000.

Recursos que no llegan al asfalto

La pregunta es inevitable: ¿dónde está ese dinero?
La realidad de las rutas sugiere que muy poco de lo recaudado se ha volcado efectivamente al mantenimiento y mejora de la red vial, pese a que ese es el destino para el cual fue creado el impuesto.

El costo más alto: vidas humanas

La falta de inversión no se traduce solo en autos rotos, camiones averiados o demoras logísticas. El precio más alto lo pagan quienes pierden la vida en siniestros viales que, en muchos casos, podrían haberse evitado con rutas en condiciones adecuadas.

Cuando existen recursos específicos y cifras millonarias en juego, la frase “no hay plata” deja de ser una explicación y se convierte en una excusa.
Las rutas no se deterioran solas: se deterioran cuando los fondos existen, pero no llegan a donde deberían. Y mientras tanto, el asfalto roto sigue cobrando su peaje más cruel.

Por: Jorge A. Castro Z.

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