Cuando el camino no espera y el Estado mira para otro lado
Vecinos de Punta del Agua debieron arreglar a mano la Ruta Provincial 179 ante el abandono del Gobierno de Mendoza y la falta de respuesta del gobernador Alfredo Cornejo.

En Punta del Agua ocurrió algo que debería avergonzar a cualquier funcionario provincial con un mínimo de responsabilidad institucional. Cansados del abandono absoluto, vecinos del distrito decidieron salir con pico y pala a arreglar la Ruta Provincial 179, una vía clave para la vida cotidiana de la zona. Sin máquinas, sin recursos, sin asistencia técnica y, sobre todo, sin el Estado.
La escena es tan elocuente como dolorosa: hombres y mujeres trabajando a mano para poder circular, para llegar a sus casas, para no quedar aislados. No se trata de una obra menor ni de un capricho vecinal. Se trata de una ruta provincial, cuya conservación y mantenimiento depende exclusivamente del Gobierno de Mendoza y, en última instancia, del gobernador Alfredo Cornejo.
Mientras desde Casa de Gobierno se multiplican los discursos sobre eficiencia, orden y gestión, en el sur profundo de la provincia la realidad es otra: rutas destruidas, promesas que no llegan y vecinos obligados a reemplazar al Estado. La Ruta 179 no es una excepción, es parte de un patrón de abandono que se repite en distintos puntos del interior mendocino, lejos de las oficinas y las conferencias de prensa.
El trabajo fue autogestionado, agotador y limitado. No pudieron completar toda la traza por la complejidad del terreno, algo lógico: no son obreros viales ni cuentan con maquinaria pesada. Aun así, lograron mejorar tramos críticos y dejar en evidencia una verdad incómoda: cuando el gobierno provincial no cumple, la comunidad hace lo que puede para sobrevivir.
La postal de Punta del Agua no debería ser celebrada como un ejemplo de “solidaridad”, sino denunciada como un fracaso del Estado provincial. No es épica, es abandono. No es heroísmo, es necesidad. Y no es responsabilidad de los vecinos mantener una ruta provincial, sino del gobernador que cobra impuestos y administra recursos para eso.
Alfredo Cornejo debe hacerse cargo. Las rutas no esperan, los pueblos no pueden seguir aislados y la paciencia de la gente tiene un límite. Cuando los vecinos tienen que salir a arreglar caminos, el problema no es el barro: es la ausencia de gestión.



