Análisis de los Ríos Atmosféricos y el Fenómeno de El Niño en Chile desde la Teoría Social del Riesgo
Un análisis académico explica cómo la interacción entre los ríos atmosféricos y el fenómeno de El Niño intensificó el histórico temporal de julio de 2026 en Chile y plantea que los desastres también son producto de la vulnerabilidad social.

Ríos Atmosféricos
Desde una perspectiva geográfica y meteorológica, un río atmosférico (RA) se define como un corredor largo, angosto y transitorio que transporta de manera horizontal una cantidad intensa de vapor de agua en la baja atmósfera. Estos sistemas suelen estar asociados con corrientes en chorro de niveles bajos situadas por delante de los frentes fríos de ciclones extratropicales. Aunque son fundamentales para el ciclo hidrológico global —siendo responsables del transporte de la mayor parte de la humedad desde los trópicos hacia latitudes medias— su impacto puede ser extremo. Investigaciones han demostrado que un RA promedio puede transportar un flujo de vapor de agua superior al caudal de agua líquida del río Amazonas, alcanzando longitudes de hasta 5,000 km.
La Conjunción con El Niño en Chile (Evento Julio 2026)
En Chile, la dinámica de los RAs se ha visto históricamente potenciada por el fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENSO). Un caso de estudio crítico ocurrió entre el 15 y el 21 de julio de 2026, donde la presencia de un Niño intenso, con una anomalía térmica de 1.4 °C en el Pacífico ecuatorial, perturbó las condiciones dinámicas atmosféricas.
Este temporal no fue resultado de un evento aislado, sino de la combinación de tres factores: el calentamiento del océano tropical, un bloqueo atmosférico y la llegada de un río atmosférico zonal de categoría 4. Este RA presentó un transporte integrado de vapor (IVT) superior a los 1,000 kg/m/s, lo que generó precipitaciones extraordinarias. En localidades como Punitaqui, se registraron 320 mm en seis días, superando récords históricos y duplicando el promedio anual de ciudades como La Serena. Además, oscilaciones como la Madden-Julian (MJO) y el Modo Anular del Sur (SAM) en fase negativa favorecieron el avance de estos sistemas frontales hacia el Norte Chico, una zona usualmente árida. (Las oscilaciones climáticas como la Oscilación de Madden-Julian (MJO) y el Modo Anular del Sur (SAM) son fenómenos de gran escala que, de acuerdo con los estudios del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), tienen la capacidad de modular los patrones de precipitación en el hemisferio sur, particularmente en Chile central)

Análisis desde la Teoría Social del Riesgo
Desde la gestión integral del riesgo de desastres (GIRD), este evento no debe entenderse simplemente como un “fenómeno / desastre natural”, pues como señala la escuela latinoamericana, los desastres no son naturales, sino el resultado de procesos sociales y económicos no resueltos. Bajo la Teoría Social del Riesgo, el desastre se analiza mediante cuatro componentes:
- Peligrosidad: Representada por el evento físico (RA y El Niño) que actúa como “disparador”. En Chile, la peligrosidad aumentó por la intensidad del IVT y la isoterma de 0°C alta, lo que generó lluvia en zonas de nieve, provocando aluviones.
- Exposición: Se refiere a la ocupación / poblamiento humano en zonas expuestas a amenaza, como laderas de llanuras de inundación, cauces de arroyos temporarios o cuencas hídricas invadidas por la expansión urbana.
- Vulnerabilidad: Es la susceptibilidad preexistente de la población de sufrir daños y su dificultad para recuperarse. En Chile, la precariedad urbana y la falta de planificación territorial adecuada refuerzan la exposición ante eventos extremos. Los desastres son indicadores de la insostenibilidad del desarrollo.
- Incertidumbre: Refleja las fallas en el conocimiento técnico o la gestión política. El desastre en Chile evidenció problemas de incomunicación entre científicos, autoridades, medios de respuesta y comunidades. La falta de una estrategia comunicacional eficiente para advertir a la población sobre el riesgo latente constituye una vulnerabilidad institucional crítica.
En conclusión, la gestión proactiva del riesgo exige dejar de centrarse exclusivamente en la respuesta a la emergencia (enfoque fisicalista) para abordar las causas de fondo que construyen la vulnerabilidad social en el territorio.
Referencias
Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2). (2026). Análisis CR2 | El evento extremo 15-20 de julio 2026 en el marco de El Niño en desarrollo. Universidad de Chile.
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Olivares, M. (2020, 16 de enero). Esquema de un Río Atmosférico tocando tierra en el sur de Chile [Figura 1]. Meteochile Blog. https://blog.meteochile.gob.cl/2020/01/16/aterrizando-en-chile-como-son-los-rios-atmosfericos-que-llegan-a-nuestro-pais/
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Wilches-Chaux, G. (1993). La vulnerabilidad global. En A. Maskrey (Comp.), Los desastres no son naturales (pp. 11-44). La Red / Tercer Mundo Editores.
Zilio, M. C., & D’Amico, G. M. (2022). Teoría Social del Riesgo: de la ira divina a la explicación ambiental. En M. C. Zilio, G. M. D’Amico y S. Báez (Coords.), Volcán Antropogénico (pp. 13-32). Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UNLP.
Por: Lic. Prof. Santiago Mondeja; Esp. Prof. Gabriel Negreira



