Bernardo Ríos: trabajador apasionado de la música
Con una postura que transmite calma, mirada sencilla y palabras humildes, Bernardo contó su vida, trayectoria e historias de vida para llegar a quien hoy es.
De joven, cuenta que empezó muy de abajo y por suerte la música le dio la posibilidad de salir de varias situaciones complicadas. Rionegrino de nacimiento, emigró hacia nuestro departamento a los 11 años junto a sus padres y se radicaron en la Isla del Rio Diamante, donde vivieron por una década. Ahí es cuando apareció la música y le empezaron a suceder muchas cosas, entre ellas empezar a relacionarse con músicos, compositores, escritores… empezar a ver que el mundo era otra cosa y que la música le daba la posibilidad de salir.
De familia humilde y corazón grande, empezó a trabajar para poder costearse las clases; recuerda que con lo poco que sabía les enseñaba a sus vecinos. Y ese fue el punta pie de su historia como músico o como él dice “trabajador de la música”. Luego de tomar clases con Juan Manuel Velazco –quien le enseño música Argentina– estudió unos años en el profesorado, para luego seguir dando clases, poder vivir de eso y empezar lo que sería un gran camino junto a la música.
A partir de ello, empezó a tocar con Sandra Rehder, previo a eso, ya había ido a Cosquín con el grupo “Sumaj”, y desde entonces no paró. Desde acompañar cantantes, hacer conciertos, grabar, producir y componer discos, nunca dejó de aprender y estudiar. Actualmente está estudiado a distancia, la Tecnicatura en Dirección de Orquestas y Coros.
Con Sandra, hacían conciertos una vez al mes y produjeron un disco llamado “En el nombre del tango”, en 2001. Luego armó el dúo Lewin-Ríos, donde a lo largo de 8 años, aprendieron, tocaron y viajaron. Después empezó a ser “arreglador”, reconoce que es algo que le gusta hacer mucho y sería “ponerle el maquillaje” a cada tema, letra o composición. Ese también fue el puntapié para que lo llamaran de varios grupos y seguir haciéndose conocido. Una de esas llamadas fue de Carina Garbín, para realizar distintos videos de las bodegas locales. De ahí, empezó como solista, tocando temas instrumentales, al tiempo que se armó la “Banda de los Miércoles”, y todas las semanas invitaban a distintos músicos a improvisar.
Luego, comenzó el tiempo de viajar a la capital de nuestra provincia, y conoció a Patricia Giner, que fue otro cambio rotundo de la música, volver a aprender, ver la música, las letras, hacer un análisis más profundo de lo que ya venía haciendo. Al mismo tiempo, concursó para participar de “Markama” y fueron 5 años de escenarios, artistas grandes, producir discos y videos en un grupo del cual se despidió hace no mucho tiempo.
El año pasado, se postuló para ser el Director de la Orquesta y Coro Municipal, presentó el proyecto y fue elegido para darle inicio y trabajar a pleno.
La música le dio muchas posibilidades y dentro de ellas estuvo el poder viajar por nuestra provincia y país, e incluso ir al exterior a llevar como bandera la música argentina. Su repertorio es variado, va desde el folclore, tango, jazz, música popular centroamericana y universal. Con el dúo Lewin-Ríos, conocieron muchas partes del interior de nuestro país, recorrieron casi todo Chile y fueron además a La Habana, Cuba, recuerda que eso fue impresionante. El recorrido siguió por Colombia, con Stella Gutiérrez y Vanina Fernández. Luego, y con el éxito aferrado a él, se ganó una beca para ir a Brasil y además para el Bicentenario, fue llamado por el Consulado argentino en la India para recorrer ese país durante dos meses, junto a un ballet de Tango de Mendoza y Buenos Aires.
Estos viajes fueron otro cambio para él, “le rompieron la cabeza”, asegura. Ver distintas culturas, romper estigmas, aprender, convivir, comprender que no hay verdades absolutas y poder salirse de algunos prejuicios. Al regresar de Brasil, donde estudió el folclore de ese país, empezó la búsqueda de poder mirar la música desde otro lado, salirse de la estructura y poder volar, sentir y tocar lo que en él se encontraba oculto y dejar soltarse, liberarse.
Guitarra, bandoneón, percusión son los instrumentos que toca y fue Fenicia Cangemi, reconocida soprano mendocina, quien logró que cantara. Entre técnicas, posturas y retos, con toda su paciencia hizo que cantara, lo llevó de lo agudo a lo grave en un paso y ni él se imaginaba que podía hacer eso, “me dio hasta miedo, quede temblando”, recuerda.
Se reconoce muy inquieto, siempre trabajando, disfruta de todo lo que hace, le gusta salir a caminar, la naturaleza. La música, depende lo que este tocando, le transmite paz, volver a su centro, la raíz de todo, calma y mucho disfrute, viajar, sentir pasión, vibrar con la música, volar y soltar.
Al preguntarle por el significado de la palabra música, después de pensarlo dijo: “Es mi vida, mi manera, mi elección. Es lo que hace que me levante siempre con pilas, que proyecte. Imaginate que para un pibe que salió de estar en una pieza de barro, con mínimas posibilidades, de repente se abrió el mundo. Siempre soy un agradecido de la vida y por eso no me considero artista, sino un trabajador”.
Nota: Magalí Espósito
Fotos: María Victoria Juárez







