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El único especialista en Psicopatología Forense del sur provincial

Gabriel Olivo tiene 51 años, es licenciado en Psicología, oriundo de Córdoba y se ha especializado en Psicoanálisis y en Psicopatología Forense, una rama de la Psicología que se encarga de estudiar las conductas delincuenciales. Ha trabajado en casos muy resonantes en el sur de la provincia y que por su impacto, han trascendido a niveles nacionales.


Se recibió como psicólogo de la Universidad Nacional de Córdoba en 1989 y trabajó en el hospital más grande de esa provincia, el “San Roque”. Su paso por éste, lo describe como una época muy especial porque “la psicología en aquellos años con los militares fue considerada como un oficio auxiliar, es decir que era una carrera que no tenía la posibilidad de firmar como lo hacemos en la actualidad, con una matrícula de peso profesional”.

Recuerda que siempre le gustó la Psicología. “La elegí desde tercer año de la secundaria, allí empecé a leer sobre Psicología y Filosofía. La Psicología es el amor de mi vida, me casé con ella para siempre y no podría vivir sin ejercerla”, asegura.

Después, en 1993, ingresó en lo que se conocía como “el manicomio más grande del país”, el “Santa María”, un hospital psiquiátrico nacional que se ubicada en la provincia de Córdoba y que estaba compuesto por 16 pabellones de 60 pacientes cada uno. De esta experiencia destaca: “Llegaban casos increíbles, a veces tratábamos una gran cantidad de pacientes sin identidad, allá llegué a ver el extremo de la mente humana. No era fácil entrar a ese lugar, debíamos portar una credencial especial y pasar dos barreras para poder ingresar porque además era un lugar muy peligroso inclusive más que la cárcel”.

Sin embargo, como indicó el profesional, cuando el manicomio dejó de ser nacional y pasó a manos del Gobierno Provincial, se desmejoró y terminó abandonado.

Luego de aquella importante experiencia laboral y por recomendaciones de colegas, viajó a San Rafael en 1996. Aquí tuvo la oportunidad de especializarse en Psicopatología Forense, y a partir de ahí ha incursionado en algunos de los casos más resonantes de todo el Sur. Comenzó esta labor en la cárcel, desempeñando su profesión ad-honorem y recuerda que fue difícil al principio porque asumió un director que consideraba que en la cárcel no se necesitaba un psicólogo, pero con el tiempo logré fundar el área psicosocial ya que se detectó la carencia de un psicólogo y un trabajador social dentro del complejo. “Atendíamos y diagnosticábamos a los internos e informábamos a los juzgados, dentro de esa atención brindábamos tratamiento a los reclusos algo inédito para la época”, señaló. 

Hoy continúa trabajando en todo el sur mendocino a través de la penitenciaría, tratando casos de altísima complejidad, algo que describe como “una labor impactante” refiriéndose a los casos aterradores de victimarios con los que ha estado frente a frente. Asimismo –y gracias a su experiencia– ha trabajado en diferentes medios de comunicación, haciendo columnas sobre sus conocimientos.

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