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“Desde el paraíso” denuncian mala praxis en la Policlínica Privada


Carlos Fabián Espasandín –o simplemente “Carlitos”– murió un día antes de su cumpleaños 49, el 23 de noviembre. Una crónica que se convirtió en tragedia, relatada desde el Paraíso ¡por el propio Carlitos! A juzgar por el lector, vale la pena leerla.



YO NO FUI. ¡ESTOY BIEN!

Hola hoy veo que todos mis amigos se preguntan qué me pasó, ¿qué le pasó a Carlitos, cómo se fue de este mundo?

Les cuento: El sábado me levanté muy bien, había estado en un asado con mi hermano y los amigos del fútbol, jugamos al truco y la pasamos lindo. A mediodía almorzamos en casa, como todos los sábados venía mi sobrina amada Guillermina y mi querida cuñada Mariana, comimos las inmejorables milanesas de mi Mami, y pasé la tarde muy bien.

A la noche no hubo salida con mis fabulosos amigos, así que me quedé solito en casa viendo tele y jodiendo a todos con el celular, pero a las 3 de la mañana me empezaron dolores muy fuertes en la panza y mi Mami llamó a mi hermano que vino al toque y fuimos a la Policlínica San Rafael, sin saber que allí me esperaba una trampa mortal.

Me pusieron suero pero no se me pasaba, así que decidieron internarme y me dijeron que a la mañana seguramente me iba a casa. Pero no fue así, a la mañana todo estaba peor, mi hermano llamó a un Dr. Lodi que me vio ese domingo, dio algunas indicaciones y no apareció más (parece que era más importante jugar al golf).

Mi hermano desesperado y preocupado lo llamó todo el domingo y también el lunes, pero este señor no aparecía. El lunes a la noche llamó por teléfono y con vagas excusas se disculpó, pero dijo que no tenía turno para hacerme la endoscopía que necesitaba (parece que yo no era un caso urgente para él).

El martes vino un amigo de mi tío “Cuki”, el Dr. Rigo y me mandó a hacer una tomografía computada y me dijeron que tenía una obstrucción intestinal, que inexplicablemente se me había rotado los intestinos, supuestamente un caso nunca visto aunque mi hermano después supo por internet que eso puede ocurrir por una hernia. El caso es que a esta altura mi hermano preocupado por mi medicación para la epilepsia les comunicó a los médicos, quienes se pasaban el problema de uno a otro. Allí apareció un tal Dr. Javier Eztala, un supuesto neurólogo que no sabía que el Ácido Valproico –que era esencial para que no me dieran las convulsiones– existía también en inyectables y no solamente en pastillas que no podía obviamente digerir (esto fue mortal para mi organismo).

El martes a la noche, aparecieron los médicos y le dijeron a mi hermano que me tenían que operar de urgencia, que podían reventar los intestinos por la inflamación, así que no le dieron otras posibilidades y tuvo que tomar la peor decisión de su vida y consentir la operación.

Así, supuestamente la misma fue “un éxito”. Estuve tres días interminables en terapia intensiva en donde le cantaba canciones del “Lobo” (mi gran pasión) a las enfermeras, las invitaba a salir y les di un poco de amor que necesitaban, pero también extrañé a mi viejo y comencé a pensar y a soñar cosas feas.

El sábado me sacaron de terapia, pero con dolores insoportables me tiraron –literalmente– de la camilla a la cama, lleno de sondas.

Mi Mamá y mi hermano me cuidaron toda la noche, pero él seguía preocupado por la medicación de la epilepsia; comenzó a llamar a este Dr. Eztala y al Dr. Lodi quienes nunca aparecieron, les mandó mensajes que no contestaron (es que tuve la mala suerte de un feriado largo y los señores tenían cosas más importantes, pero no dejaron a nadie para reemplazarlos y parece que los mensajes no les llegaban).

Mi hermano salió en busca de la medicación que sí existía en inyectable y mis amigos Guillermo y Alejandro Massini la mandaron a pedir a Mendoza pero el envío llegó tarde.

El domingo a las 17 ocurrió lo inevitable: después de ocho días de no tomar la medicación, me dio una convulsión que fue mortal. Me llevaron a terapia me intubaron y me pusieron en coma farmacológico, y allí agarré una neumonía hospitalaria y una septicemia. Le dijeron a mi hermano que estaba estable y que me habían hecho unos cultivos que debía esperar 48 horas para saber qué bicho tenía, pero mientras tanto me bombardearon con antibióticos.

A las 48 horas se dieron cuenta que el cultivo no lo habían hecho nada, que no existía y empezaron a fallar mis órganos vitales. Desesperado mi hermano consultó a otros médicos, todos coincidían que debían operarme nuevamente, pero los anestesistas no querían arriesgar. Cuando escuché que si me movían era hombre muerto –porque no tenían la tecnología para trasladarme al quirófano– ya no quise seguir luchando, vino mi Viejo a buscarme y decidí irme con Él un día antes de mi cumpleaños 49.

Yo perdono a los médicos y a los que dirigen una clínica vetusta y llena de enfermedades hospitalarias, a los que cometieron tantos errores y me ignoraron, pero parece que se las van a tener que ver con mi hermano, que no tiene consuelo alguno por mi partida.

Ahora estoy mejor, ya nada me duele, mi armadura de guerrero con la que luché toda mi vida ya no me servía y la dejé en el plano terrenal; les di todo el amor que pude mientras viví con ustedes. Ahora soy un poco más fuerte y aquí todos me respetan.

A los que me ignoraron y me hicieron mal, los perdono, pero a mis grandes amigos que me quisieron incondicionalmente les digo que siempre los voy a cuidar y que cuando me recuerden, allí voy a estar y algún chiste ocurrente les voy a decir.

Ahora lo único que me preocupa es que cuiden a mi Mami, gracias a ella viví todo el tiempo que estuve entre ustedes tratando siempre de contenerlos y escucharlos.

Los Amo con todo mi corazón porque soy Carlitos, “El Maestro amor”.

  • La nota Extraída del muro de Facebook del Sr. Carlos Fabian Espasandín 
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