Cuando lo importante es fabricar “Corazoncitos Felices”
Alejo, que podría llamarse Maxi, Juan, Agustín, Fernando o como cada uno de los pequeños que, botellita en mano, llegan al merendero en las tardes de cada día a buscar su “chocolatada”, como ellos le dicen, también van Lucy, Flopy, Alejandra, María, que bien podrían ser los nombres de las nenas que de lunes a lunes no se pierden la merienda. Tienen 3 o 4 años, tal vez 5 o 6 y más.
El tapabocas, característico de estos tiempos, se arraigó responsablemente en sus caritas, pero no impide adivinar la sonrisa y el dibujo de los labios esbozando un “gracias Seño”.
Cada día, cuando el reloj marca las 4 de la tarde, ellos dejan todo de lado porque llegó la hora de poner la olla sobre la hornalla de la cocina a gas de la garrafa, que cada vez cuesta más comprar. El agua mineral, como si bajara de una alta montaña es donada por uno de los tantos colaboradores, toma la temperatura ideal para disolver la leche en polvo, el chocolate y el azúcar, que tantas manos solidarias aportaron, en sus justas medidas para alcanzar el sabor deseado y así deleitar el paladar de los pequeños, solo resta esperar que descienda la temperatura para poder servirla. El reloj avanza y comienzan a oírse las infantiles voces que se adueñan del silencio de la tarde pueblerina en el patio de tierra.
Trajiste la botellita?, preguntan, entonces una manito extendida les alcanza el pequeño envase que le será devuelto lleno de “chocolatada”.
Gracias “Seño”!, expresión que se repite hasta en cuarenta vocecitas distintas.
No te vallas, aquí están tus galletitas o las medialunas y tortitas que un panadero les regala como si fueran sus nietos.
Asienten con un movimiento de cabeza y sucede lo más sublime de la tarde, miradas inocentes y transparentes que inundan el humilde hogar de ternura y agradecimiento, superan el alcance de mil o más palabras.
Cuando la tarde comienza a despedirse, se van botellita en mano, los últimos en llegar, la ansiada merienda será disfrutada en casa porque la cuarentena no permite compartirla como en los primero días del merendero, cuando había música, bailes, juegos, cuentos y alegría, mucha alegría.
Yanel es ama de casa, Mauricio no tiene trabajo, cobran el IFE y venden plantas para comprar los pañales de su pequeño de 2 años, pagar el alquiler de la casa donde desde los primeros días de agosto funciona el merendero.
“Una mañana Mauricio me dijo, mi amor pongamos un merendero, te imaginas cuántos chicos no toman leche en sus casas y cuántos papás no pueden comprarla”?, cuenta Yanel, recreando con sus expresiones aquel momento, le dije “si amor, pongamos el merendero, con una parte del IFE empezamos”, interrumpe Mauricio y agrega “si no fuera por ella no hubiera podido”, entrelazan sus manos, se regalan una mutua sonrisa e intercalan sus voces contando que aquel 5 de agosto, el primer día, “vinieron 21 chicos, después, día a día se iban sumando nuevas caritas, vienen de todos los barrios del pueblo y de más lejos también. Hasta les festejamos el día del niño con regalitos, nos vestimos de payasos, bailamos y jugamos con todos ellos, claro todavía podíamos juntarnos, por supuesto que respetando el protocolo de distanciamiento social y barbijos”.
“Hay días que vienen 40 chiquitos”, dice Mauricio y Yanel agrega, “ya los conozco a todos, ellos me llaman ‘Seño’, los extraño y preocupo cuando alguno un día no viene”.
“Se nos complica un poco, ahora que empieza a hacer calor, porque no tenemos heladera y nos gustaría ofrecerles algo fresco, un jugo o gaseosa y para conservar las cajitas de leche líquida cuando ya están abiertas, queremos comprar una aunque sea usada”, dice Yanel.
El pedido de la heladera llegó a oídos del Club de Leones de San Rafael, Alexis Escudero, integrante de la institución, tomó la posta y junto a los demás “Leones” hicieron posible que “Corazoncitos Felices de Villa Atuel” tenga su heladera. Alexis, también, les regaló el nuevo logo y desde el Club organizan una campaña junto a los gimnasios, durante todo el mes de octubre, para recaudar alimentos y prendas de vestir destinado a los pequeños del merendero.
“Nosotros hicimos realidad este sueño, pero es posible gracias a tanta gente que colabora todos los días, sería imposible sin esa ayuda, hubo días que no sabíamos si íbamos a poder darles la leche a los chicos porque no nos alcanzaba la cantidad, pero aparecía alguien que nos traía leche, chocolate y azúcar, creo que Dios lo enviaba, lo único que no aceptamos es dinero en efectivo” cuenta y aclara Mauricio que agrega, “siento que en Villa Atuel encontré mi lugar en el mundo, este pueblo, su gente y Yanel me enseñaron a amarlo, quiero que nuestro hijo crezca aquí”, lo menciona y aparece el “benjamín” de la familia de tan solo 2 añitos, con el mate en una mano y arrastrando una silla con la otra manito. “Es hora de su merienda”, explica la mamá, “el gordo todavía toma ‘la teta’ y cada vez que quiere tomar me trae la silla, en el Centro de Salud nos dan la leche para él, pero como no la toma la usamos para el merendero”, dice Yanel.
Quien escribe se tomó la atribución de considerar que esta historia debía trascender los límites de Villa Atuel, la solidaridad no los tiene, me comuniqué con colegas de algunos medios de comunicación y accedieron a visitarlos para hacer público tan noble y desinteresada acción, entonces llegaron al merendero Walter y Ariel de Canal 6 de San Rafael, Nina y Mauricio de TVCOA de General Alear, Roberto corresponsal en San Rafael de Canal 9 Televida de Mendoza, ellos y colegas de medios radiales y digitales contaron y dieron a conocer lo que merece ser contado, porque como dicen las canciones “no todo está perdido” y siempre “el amor es más fuerte”, muchas gracias colegas.
Atento a que esta importante iniciativa debe perdurar y mantenerse, además de saber que no se puede dar lo que no se tiene, comprendí que Yanel, Mauricio, los chicos y el merendero merecen continuidad y esto solo es posible a través de la asistencia oficial , tal es así que le planteé la inquietud a Mariela Langa, directora de Desarrollo Social de la Municipalidad de San Rafael, quien inmediatamente intervino, con una celeridad digna de destacar, a las dos horas de mi llamado telefónico viajó desde la Ciudad de San Rafael a Villa Atuel y en su primera visita instruyó a Yanel y Mauricio con los cuidados, recomendaciones y protocolo del caso y les entregó leche, chocolate, azúcar y harina, asumiendo el compromiso de mantener la ayuda y la provisión mensualmente, una funcionaria que resuelve y soluciona, hace y no promete, muchas gracias Mariela.
Quizás los protagonistas de esta historia no han tomado dimensión de esta importante obra, seguramente porque su preocupación es otra, brindarle a los más pequeños lo que evidentemente no pueden tener en sus hogares o tal vez porque el amor, la dedicación, la voluntad y sobre todo la solidaridad que los caracteriza y manifiestan día a día, los mantiene ocupados y le restan importancia a los egos personales, tal es así que denotan su felicidad cuando cada uno de sus pequeños merenderos les regala, en retribución, una tierna e inocente mirada, una sonrisa escondida detrás del tapaboca y un gracias, hasta mañana, es entonces cuando son inmensamente felices porque cumplieron con la tarea, su tarea y cuando llega la noche, a la hora de poner las cabezas en la almohada, los embarga la felicidad y renuevan la esperanza.
Siempre hace falta algo y nunca está demás, muchos chiquitos necesitan zapatillas, pantalones, vestidos, remeras, prendas de abrigo, etc.; quienes deseen colaborar lo pueden hacer comunicándose al teléfono de Yanel: 2625-668354 o con Mauricio: 2625-647454, también a través de Facebook: Corazoncitos Felices Villa Atuel o en calle Juan Agustín Maza de Villa Atuel.
Yanel y Mauricio, verdaderos y genuinos fabricantes, día a día, de “Corazoncitos Felices de Villa Atuel”, gracias por tanto y todo.
Por Eduardo Cabrera- Amplitud Noticias









