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Un billete circula por San Rafael

Un billete circula por San Rafael

(CAPÍTULO 1) Padre e hijo en una mañana de sábado.

Como todos los sábados en la mañana, Gonzalo se levantó y decidió postergar el desayuno. Es que la idea es casi obligatoria: ese día tiene que tomar algo con Matías, su hijo de 6 años, en el centro sanrafaelino.
Salieron en el auto y en el camino, Matías iba entretenido contando la casi nula cantidad de personas que tenían mal colocado el barbijo en sus rostros, pero lo que más lo admiraba es que aquello se repitió también en dos policías que alcanzó a divisar. Gonzalo, mientras tanto, no podía dejar de sonreír, pues algo que amaba realmente, era tener ese momento junto a su “mejor amigo”. Si bien estaba casado con la mamá del pequeño, los sábados en la mañana eran el espacio exclusivo de ellos dos.

Se detuvieron en la primera cuadra de la calle Bernardo de Irigoyen y caminaron rumbo a uno de los bares céntricos de la ciudad. Antes de sentarse, ingresaron a un banco y Matías extrajo algo de dinero para tenerlo consigo. Entre los billetes, había uno recientemente llegado al mercado local, que incluye la imagen de la taruca (mamífero en peligro de extinción que habita las montañas del Norte del país).

Se sentaron en el bar, y como siempre el niño pidió un batido de frutilla, mientras que Gonzalo se quedaba con una “promo” de esas que incluyen el café con leche, dos medialunas y un pequeño jugo de naranjas.

Por primera vez en meses, no le hicieron llenar al papá una “declaración jurada” en la que informaba que no había tenido contacto con personas enfermas de covid-19 y que ellos dos no habían sufrido síntomas en los últimos días. Es que una serie de cambios dados por el gobernador Rodolfo Suárez en materia legal, llevó a que ese trámite dejara de ser obligatorio. Por otra parte, Gonzalo siempre se preguntaba lo mismo: “¿Se puede ser tan ingenuo como para pensar que si siento síntomas de covid lo voy a poner en esa hoja para que nos echen inmediatamente?”

-Bueno Mati, contame, ¿cómo te fue esta semana con los deberes?

-Bien pa, la seño me felicitó porque hice re bien todo. Tenía que mostrar unos dibujos que hicimos de animalitos que hay en Mendoza y me quedaron re bien. La mami me dijo que el año que viene voy a volver a ir a la escuela, que se va a acabar esto de tener clases por el celu.

-Sí Mati, se supone que sí, eso es lo que se dice, que ya están listas las inscripciones para el año que viene. Vos igual tenés que hacer todo bien, aunque sea por el celu, yo sé que te estás esforzando un montón y eso está re bien. ¿A tus compañeros cómo les va?

-Y… a algunos les va bien y a otros no tanto. El Tomi, el nene que se sienta conmigo en la escuela, que es re malo jugando a la pelota, siempre entrega los deberes tarde y la seño lo reta.

-Y bueno, lo que pasa es que no todos tienen mamás como la tuya que ayudan mucho. Vos imagínate cómo te saldría todo si no estuviera la mami.

-Sí, ya sé pa. Es re buena la mami. Extraño a mis compañeritos y la escuela, pero me gustó este año estar con la mami haciendo los deberes. Me ayuda mucho. ¡Y vos también me ayudaste mucho!

-Bueno, menos mal que te diste cuenta (risas).

-Sí pa, ¿te acordás cuando me ayudaste a pintar las banderas de Argentina?

-Sí Mati, ¿cómo no me voy a acordar? A mí me encanta ayudarte; tené en cuenta que aunque yo nunca tuve que estar un año teniendo clases desde la casa con un celu, igual contaba mucho con la ayuda del abuelo Enrique y de la abu Miriam. Es como que de alguna manera, ellos me enseñaron matemática, lengua, plástica y un poco a ser papá, ¿entendés?

-Claro pa, eran re buenos ellos (igual que vos).

-¡Sí! Vos al abuelo no lo alcanzaste a conocer, pero sabía mucho, mucho, y me re ayudaba a sacarme las dudas. Y la abuela Viviana bueno… vos viste lo buena que es.

-¡Sí! ¿Vamos a su casa un ratito?

-Dale, ahora la pasamos a buscar y vamos al Parque de los Niños que quedó habilitado la semana pasada de nuevo.

-¡Qué lindo pa! Dale, vamos con la abu.

Después de charlar un rato más, Gonzalo pidió la cuenta para poder irse al parque aprovechando el lindo día que sería ese desde lo climático.

Sacó ese billete de 100 pesos todavía “crocante” por pertenecer a una reciente emisión del Banco Central. Junto con algunos otros lo dejó sobre la mesa -incluyendo la propina- y se fue a buscar a su mamá para ir con Matías a disfrutar del parque.

Cristian, el mozo que los atendió tomó el dinero y lo dejó en la caja.

CONTINUARÁ…

Nota del autor

Un billete circula por San Rafael, es una serie de historias ficticias que posee entre sus líneas algunos hechos basados en la realidad que atraviesa la sociedad local, provincial, nacional e incluso –de ser necesario– mundial. Son relatos vinculados de manera directa o indirecta a algunas de las noticias que La Ventana San Rafael da a conocer diariamente.

Se trata de diversos capítulos que si bien tienen un denominador común (el billete), no están relacionados en su contenido.

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